—Señor Casas, con el tiempo, ¿usted se volverá en inmortal, si continúa cultivando? ¿Sería capaz de volar y vivir por siempre?
Tristán le preguntó con curiosidad, como si fuera un ingenuo estudiante buscando conocimiento.
Jaime sonrió y negó con la cabeza.
—Todavía hay muchas cosas que no comprendo acerca de ser un cultivador. No tengo ni la menor idea de los límites que tienen.
Tristán de pronto sintió que estaba preguntando mucho, y de inmediato se disculpó:
—Señor Casas, solo soy curioso. Siento mucho si me estoy comportando mal.
—¡Todo está bien! —Jaime le mostró una leve sonrisa.
Después de que platicaron por un tiempo, Tristán gritó hacia afuera:
—¡Por favor, entren!
Sergio entró con sus hombres.
—Sergio, escucha. Todas las hierbas, en el Palacio Herbal, serán puestas bajo las órdenes del Señor Casas. Todo debe pasar por él. Si alguno desobedece, el castigo será la muerte —dijo Tristán con indiferencia hacia Sergio y aquellos subordinados.
—Entiendo, Señor Benítez —asintió obediente Sergio.
—Entonces, ¡vayan por las hierbas para el Señor Casas, y pónganlas en los autos! —ordenó Tristán.
Sergio de inmediato se dio la vuelta hacia el mayordomo.
—Enrique, por favor, arregla que los hombres pongan las hierbas en los autos. ¡Llénenlos todos!
Jaime planeaba ir al Monte Jicoria por algunos días. Él pensó que sería más seguro dejar a Josefina y a Isabel en las manos de Tristán. Después de todo, este era más poderoso que Fénix. A Jaime le preocupaba que Fernando fuera capaz de regresar para vengarse.
«En primer lugar, ¡nunca debí permitir que Isabel lo dejara irse!».
—Señor Casas, no se preocupe. En tanto esté con vida, ¡no permitiré que nadie lastime a su familia! —afirmó Tristán con confianza.
Mientras regresaba del Palacio Herbal, Jaime contactó de inmediato a Dorian. Este estaba ocupado recolectando piedras en el Monte Jicoria, cuando recibió su llamada. Después de enterarse que Jaime había estaba de regreso, él se apresuró a volver a Cuenca Veraniega.
Jaime empleo este tiempo para hacer más pastillas energizantes para Tomás y también consideró hacer algunas para él. Sin embargo, su fuerza no parecía incrementar mucho después de consumirlas. Mientras más se elevaba su nivel, él necesitaba más energía espiritual para evolucionar.
Al siguiente día, Dorian llegó y salió hacia el Monte Jicoria de nuevo, junto con Jaime. Este, para ser exactos, no estaba muy lejos de Jazona. Solo estaba a unos cien kilómetros. Sin embargo, toda la cordillera se extendía por miles de kilómetros, cruzando varias provincias y ciudades.
Había un pueblo llamado Salinsburgo, al pie de la Montaña Jicoria. Al principio, la población era poca, y los ciudadanos tenían una vida dura. Sin embargo, mientras las piedras del Monte Jicoria comenzaron a volverse famosas, y los precios se incrementaron, más y más personas llegaron por ellas. Con eso, Salinsburgo comenzó a ser un lugar próspero.

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