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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 4842

Las venas de Kóstik se abultaron a lo largo de sus brazos mientras apretaba sus puños duros como el hierro y los lanzaba hacia abajo.

—¡Reciba este golpe, señor Casas!

La fuerza del golpe hizo volar fragmentos de piedra, arrastrados por el viento, que se estrellaron contra el pecho de Jaime. En lugar de flaquear, aprovechó el impulso para pivotar, y su cuerpo emitió un tenue resplandor dorado.

Golpe tras golpe, los dos guerreros se enfrentaron en una tormenta de puños y patadas, haciendo temblar los cimientos de la montaña. Su batalla hizo volar a una bandada de pájaros, oscureciendo el cielo.

—Forma física, sólida como un caldero. Espíritu, ardiente como una llama —En medio de su risa, Kóstik frenó su poder. Jaime sintió como si sus órganos se hubieran templado en fuego. Exhaló fuertemente y su aliento se solidificó en un remolino de energía.

Contra todo pronóstico, Jaime se mantenía firme, enfrentándose a Arat y a Kóstik a la vez. Desde la barrera, Coren e Infinides observaban estupefactos.

Gracias a un entrenamiento estricto y continuo bajo la supervisión de Arat y Kóstik, las habilidades de Jaime mejoraron rápidamente.

Aunque inicialmente acordaron que Jaime estaría obligado a servir durante trescientos años, tanto Arat como Kóstik llegaron a respetarlo. Reconocieron su talento excepcional, una rareza que se presenta cada diez mil años.

Jaime desafió sus expectativas. No provenía de un linaje privilegiado; su fuerza se desarrolló a través de la determinación. Fue sometido a pruebas rigurosas repetidas veces, pero no mostró debilidad.

«Prum…».

Mientras Arat y Kóstik seguían refinando las habilidades de Jaime, el mundo a su alrededor cambió de repente. Unas nubes oscuras se cernían sobre ellos, agitándose ominosamente, con su opresivo peso espesando el aire.

La visión dejó a ambos hombres completamente estupefactos.

—¿Esa es una nube de tribulación del rayo? —preguntó Arat con voz temblorosa mientras observaba el cielo agitado.

Los ojos de Kóstik se dirigieron hacia Jaime, quien permanecía firme con la espada en la mano. Su incredulidad era evidente.

—No me digas… ¿Es el señor Casas?

—Esa nube de tribulación es impresionante —murmuró Arat, frunciendo el ceño—. Es improbable que sea él. Sólo está en el nivel tres del Último Reino, ¿cómo podría invocar algo de esta magnitud?

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