A la mañana siguiente, Joaquín reunió un gran equipo para dirigirse al Monte Jicoria. Había unos cuantos hombres con uniformes de trabajo que llevaban cuerdas y picos. Destacaban de forma extraña entre la multitud.
Dorian le explicó a Jaime que esos hombres eran expertos en buscar el acceso a la mina de vetas, porque a pesar de conocer la ubicación, no podían llevar a cabo la extracción a menos que encontraran su apertura natural. Si intentaban crear una por la fuerza, podrían desestabilizar la mina, causando muchos problemas y extraños incidentes.
Entonces, decenas de personas comenzaron a dirigirse a la mina. Teresa pidió ir en el mismo auto que Jaime. Luego, Dorian condujo su auto hacia el pie del Monte Jicoria. Una vez allí, tendrían que subir la montaña a pie.
Pronto llegaron y se bajaron del auto. Antes pensaban que el Monte Jicoria no era tan alto en comparación con otras montañas. Ahora, se elevaba hacia el cielo y las nubes cubrían su cima. Todos prepararon su equipo y comenzaron a subir.
Acababan de recorrer una corta distancia cuando Jaime vio una casa hecha con losas de piedra azul. Había un gran número de frutas y pasteles colocados alrededor de la casa. Además, había velas encendidas ante ella.
Muchas personas del equipo se arrodillaron en el suelo como si fueran a rezar. Jaime sintió curiosidad por el acontecimiento.
«¿Por qué hay una casa en medio del bosque? Además, ¿por qué hay tanta gente rezándole?».
—Señor Casas, están rezándole a la Montaña de los Dioses. La gente rezaba antes de subir a buscar nuevas minas. Es una superstición similar a la de los pescadores —explicó Dorian al verlo desconcertado.
En ese momento, Joaquín llevó a su equipo a situarse delante de la casa y colocó las ofrendas preparadas. Luego, encendió tres velas y se inclinó antes de guiar a todos a arrodillarse.
Incluso Teresa se arrodilló en el suelo con ellos. Si bien era una superestrella y estaba acostumbrada a que la gente la aclamara, también ella se arrodilló sin dudarlo y se postró con humildad.
Tras la ceremonia de ofrenda, los Salas se reunieron por fin con los Ferrer y los Lacosta.
—Señor Ferrer, solo tenemos curiosidad por la mina y vinimos a verla. —No quería ofender a ninguna de las tres familias. Al fin y al cabo, la nueva mina de vetas no tenía nada que ver con él. No importaba cuál de las tres familias obtuviera los derechos mineros. Dorian seguiría teniendo que trabajar con ellas.
—¿Solo para verla? Bien por ustedes. Esta montaña es un lugar interesante. Quizás todos ustedes se queden aquí para siempre. —Se rio. Las palabras de Isaí llevaban una intención asesina mientras miraba a Jaime con frialdad. Hacía tiempo que quería deshacerse de él. Ahora que Jaime acudía a él por su propia voluntad, no podía esperar a hacerlo.
Dorian se estremeció al escuchar sus palabras. Sin embargo, siguió sonriendo y dijo:
—Señor Ferrer, no hay que guardar rencor. Aunque nos hayamos equivocado en los asuntos de Jazona, podemos continuar colaborando, ¿no?
—¡Qué! ¿Qué colaboración? Una vez que encuentre la apertura de la mina, ¿por qué querría seguir colaborando con gente problemática como tú? ¡Hoy le daré una lección a ese mocoso y lo haré pagar! —gritó y le hizo un gesto a dos de sus subordinados para que atacaran a Jaime.

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