—Señor Casas, ¿está usted herido? —preguntó Tristán.
Jaime negó con la cabeza y señaló el auto.
—¡Ve a ver cómo están los del auto!
—¡De acuerdo! —Sin demora, Tristán corrió hacia el auto.
Había una chica en el Mercedes-Benz. La bolsa de aire salió disparada y la chica se apoyó frente al volante. Parecía haber perdido el conocimiento.
Tristán abrió la puerta del auto con fuerza y sacó a la chica.
La chica parecía tener unos veinte años. Llevaba un vestido azul y tenía manchas de sangre por todo el vestido. Su rostro estaba pálido por completo.
Jaime se acercó y puso su mano sobre la de la chica. Una oleada de energía espiritual entró en el cuerpo de la chica y esta abrió los ojos despacio.
Retrocedió asustada al ver a Tristán y a Jaime. De inmediato se levantó y se mantuvo alejada de ellos.
—Señorita, no hay necesidad de tener miedo. Tuvo un accidente de auto. Nosotros fuimos los que la rescatamos —le explicó de inmediato Tristán a la chica.
La chica desvió la mirada hacia su auto accidentado y se esforzó por recordar lo que había pasado. Unos segundos después, parecía estar más tranquila.
—Gracias, entonces. Debía de estar somnolienta cuando conducía.
—Acabo de ver cómo estás. Tu cuerpo está bien, y solo hay algunos rasguños. Por favor, pide ayuda tú misma. —Jaime dijo eso y se volvió hacia Tristán— ¡Vamos!
—¡Espera un momento! —gritó de repente la chica y detuvo a Jaime y a Tristán—. Mi teléfono no sirve y no puedo hacer una llamada ¿Puedo preguntar a dónde se dirigen?
—¡A Puerto Blanco! —contestó Tristán.
—Eso es genial. Yo soy de Puerto Blanco ¿Pueden llevarme? Les puedo pagar... —preguntó encantada la chica.
—Todavía tenemos algo que resolver, así que no es conveniente. Por favor, espera la ayuda aquí.
Al decir esto, Jaime subió al auto de manera abrupta.
—Muchas gracias...
Mientras Tristán seguía conduciendo, la chica empezó a presentarse.
—Soy Marina Sandoval. Soy una graduada de Universidad Cuarzo de Ciudad de Jade. Me acabo de graduar este año ¿Cómo se llaman? ¿Por qué van a Puerto Blanco? —preguntó Marina a Jaime y Tristán.
—¿Eres estudiante de Universidad Cuarzo? —Tristán, que conducía, se sorprendió de alguna manera por eso.
—Sí. Todavía tengo mi tarjeta de estudiante conmigo. Puedes comprobarlo si no me crees.
Marina sacó su carnet de estudiante y se lo mostró a Tristán.
—Yo también me gradué en Universidad Cuarzo. Pero fui de la clase de 1984 ¡Cinco años mayor que tú! —contestó Tristán mientras conducía.
—¿De verdad? Entonces eres mi mayor ¡Qué casualidad! No esperaba encontrarme con un alumno mayor aquí. Es difícil que la gente del suroeste entre en Universidad Cuarzo...
Marina se puso más habladora al saber que Tristán era de la misma universidad que ella.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón