Pronto, todos se sentaron en la mesa. Marina se sentó adrede al lado de Tristán. Parecía que le gustaba mucho.
Durante la cena, Marina no dejó de hacerle preguntas a Tristán. Sin embargo, no habló con Jaime en absoluto.
Danilo también parecía ser amigable con Tristán. A los demás les parecía que Jaime era el copiloto. Sin embargo, a Jaime no le importaba y se limitaba a comer con tranquilidad.
Después de entablar amistad con Danilo, Tristán le preguntó:
—Señor Sandoval, he escuchado de Marina que también se le conoce como «Sandoval el Divino» porque puede predecir el futuro de cualquier persona solo con una mirada. Me pregunto si podría hablarme de mi futuro.
—Papá, ¿por qué no le hablas a Tristán de su futuro? Creo que es de una familia adinerada y sin duda tendrá grandes logros en el futuro —intervino Marina.
Danilo esbozó una sonrisa.
—En efecto, el Señor Benítez es de una familia adinerada, pero...
A Tristán le dio un vuelco el corazón al escuchar eso. Preguntó ansioso:
—Señor Sandoval, ¿pero qué?
—Pero la Familia Benítez parece ir cuesta abajo, y ustedes necesitan un benefactor que los ayude. La Familia Benítez puede prosperar para siempre si ustedes pueden aprovechar la oportunidad de obtener ayuda de ese benefactor —explicó Danilo.
—Señor Sandoval, ¿quién es ese benefactor? —Tristán lanzó una mirada a Jaime mientras le preguntaba a Danilo con ansiedad.
«Si Jaime es ese benefactor, tendré que tratarlo con más respeto. Si no lo es, no tendremos que perder el tiempo con él».
—Ja, ja, ja. Eso es todo lo que puedo decirte. Es un secreto que no puedo divulgar.
Danilo se acarició la barba y dejó escapar una carcajada. Tristán también sonrió. Sabía que no debía insistir más en la pregunta. En ese momento, solo podía tratar a Jaime como el benefactor.
Marina señaló entonces a Jaime y le dijo a su padre:
—Papá, por favor, mira también a este chico. Se nota que viene de un entorno pobre, pero tiene mucha suerte en el amor y en las relaciones. Además, preveo que pronto se enfrentará a una catástrofe, pero conforme hago una doble lectura, no parece el caso.
Danilo ni siquiera miró a Jaime mientras negaba con la cabeza.
—Papá, ¿qué quieres decir con eso? ¿De verdad no hay nada más que podamos hacer para ayudarlo?
—¡Claro! —Danilo asintió sin dudar.
Su respuesta dejó boquiabierta a Marina.
—Papá, ¿qué te pasa hoy? Nunca me has permitido ir a la Secta Medialuna ¿Por qué dices que sí esta vez?
—Ahora es diferente. Además, ya no eres una niña. Deberías salir a explorar.
Danilo miró a Marina con cariño.
—Eso es genial. Te quiero tanto, papá...
Abrumada por la alegría, Marina abrazó a Danilo y rio.
—Muy bien. Puedes enseñarle al Señor Benítez los alrededores y todos podrán disfrutar de unos hermosos paisajes —dijo Danilo con una sonrisa.
—¡De acuerdo! —Marina asintió mientras desplazaba su mirada hacia Tristán—. Tristán, deja que te enseñe la casa. He criado algunos peces que pueden entender el lenguaje humano.

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