—Señor Casas, mátelo y acabe con la Secta Medialuna ¡No me arrepiento de morir! —pronunció Salvador con determinación.
—¿Escuchaste eso? —Jaime sonrió.
—No tiene ningún reparo en morir.
—¡Ah! —Elías soltó un grito enloquecido. De inmediato, levantó el pie, preparado para asestar el golpe final que acabaría con la vida de Salvador.
«¡Bang!».
Antes de que Elías pudiera dar un pisotón, Jaime se lanzó hacia delante y le clavó una mano en el pecho. En un instante, todo el cuerpo de Elías salió despedido hacia atrás antes de chocar contra la estatua, haciéndola pedazos.
Salvador cerró los ojos, dispuesto a enfrentarse a su inminente muerte. Pero durante mucho tiempo, nada le golpeó. Vacilante, Salvador abrió los ojos, solo para darse cuenta de que Elías había desaparecido. En su lugar, Jaime ocupaba ahora el espacio donde antes estaba el anciano.
—¿Aún puedes mantenerte en pie? Si puedes, deja de hacerte el muerto —dijo Jaime mientras miraba a Salvador.
Apretando los dientes, Salvador luchó contra el dolor mientras se levantaba con dificultad.
«Todavía puedo moverme a pesar de mis costillas rotas».
Del mismo modo, Elías se levantó de los escombros. Su rostro se había vuelto mortalmente pálido y la sangre carmesí brotaba de su boca.
Las comisuras de los labios de Jaime se transformaron en una fría sonrisa.
—Es hora de enviarte por el camino. Por muy buena que sea tu adivinación, hoy no has podido predecir tu muerte.
«¡Pras!».
Elías cayó de rodillas frente a Jaime.
—¿Qué quieres decir?
—Señorita Sandoval, antes éramos subordinados del Señor Sandoval. No fue hasta que Fabián derrocó a su padre que se hizo cargo de la Secta Medialuna. Tuvimos que obedecerle por los parásitos que implantó en nuestros cuerpos. Además, Fabián tramó hace poco un complot contra él. De ahí que quisiera secuestrarte y utilizarte como palanca contra el Señor Sandoval —explicó Elías.
—Estás mintiendo... —Marina se quedó muda al instante. Miró a Elías y le espetó—: ¿Cómo pueden ser ustedes los subordinados de mi padre? Son todos unos malos hombres. Además, ¿no es la Secta Medialuna un lugar de vacaciones? ¿Cuándo se convirtió mi padre en el líder de una secta?
En realidad, Danilo había ocultado todo esto a Marina con la esperanza de que pudiera llevar una vida normal. No quería que su hija siguiera sus pasos.
Incluso tomó la medida necesaria para enviarla hasta el barrio de Jade para que siguiera sus estudios.
—Señorita Sandoval, la Secta Medialuna es una organización. El centro de vacaciones no era más que una artimaña para ocultarla a la opinión pública. La verdadera Secta Medialuna se encuentra dentro del complejo turístico. El Señor Sandoval fue el fundador de nuestra secta —añadió Elías.
—¿Cómo es posible? ¿Por qué me mintió mi propio padre? ¿Qué más me está ocultando? —preguntó Marina. Ni en sus mejores sueños esperaba que su padre fuera el líder de una organización.

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