—El conocimiento no tiene nada que ver con la edad. O lo sabes o no lo sabes. En otras palabras, es tu problema que necesites decenas de años para cultivar la magia. Yo no soy tan tonto como tú. —Jaime se mostró despreocupado.
Benito golpeó su mano en la mesa.
—Mocoso, ¿qué acabas de decir?
«¡Algo va a pasar hoy!».
Servando se animó al ver el drama que se estaba gestando.
—Tranquilo, Señor Omega. —Samuel se levantó enérgicamente y trató de calmar a Benito.
—Señor Benítez, ¿de dónde es este chico? Saque a este bruto arrogante ahora mismo o me voy. Solo hay sitio para uno de nosotros.
Benito no pudo contener su ira por más tiempo y le gritó a Samuel.
Samuel se sobresaltó ante el ataque de ira incontrolada de Benito, y su cara se arrugó.
No podía permitirse el lujo de ofender a ninguna de las partes, pero la amenaza de Benito lo puso en un aprieto.
—Señor Omega, parece que los Benítez no lo respetan tanto como pensaba. Está yendo en contra de su voluntad por ese joven. ¿Por qué no estar del lado de los Contreras? Pagaremos todo lo que los Benítez estén dispuestos a ofrecer.
Servando echó más leña al fuego y consiguió poner aún más nervioso a Benito.
—Señor Benítez, ¿pretende ofenderme por ese problemático niño?
Samuel estaba a punto de llorar y dirigió sus ojos hacia Jaime. Para su consternación, este último se sentó sin inmutarse por el asunto, como si no estuviera involucrado en esa pelea.
—Señor Omega, el Señor Casas es uno de nuestros honorables invitados, así que…
—Ya veo. Me iré entonces.
Benito se fue enfadado antes de que Samuel pudiera terminar su frase.
—De acuerdo. ¡Cuarenta millones de los Benítez! A la una, a las dos, y...
—¡Cuarenta y cinco millones! —¡Fue Servando!
Su exorbitante oferta silenció la sala. La gente se lanzaba miradas, pero ninguno subió el precio. Samuel amaba el espejo, pero sin la aprobación de Jaime, no podía hacer otra cosa que cederle el espejo a Servando.
Uno a uno, los objetos mágicos fueron revelados. Sin embargo, Jaime se aseguró de que Samuel no pujara por nada. Por el contrario, Servando ganó casi todas las pujas a precios altísimos, tal y como le había aconsejado el Señor Omega.
Samuel estaba como una gata sobre un tejado caliente, pero no se atrevía a hacer ningún comentario, mientras que Servando era todo descaro, fastidiando aún más al primero.
—Señor Benítez, es interesante que eligiera a un mocoso dúctil en lugar de un mago experimentado como el Señor Omega. Puede que ese niño tenga talento, pero a diferencia de las artes marciales, la magia requiere mucho más que eso. No puedo creer que se deje engañar por un mocoso. Eres una vergüenza para Ciudad de Jade. —Servando le sonrió a Samuel.
Samuel se quedó sin palabras para defender su decisión. Solo pudo devolverle la mirada a Servando.
—Ríete mientras puedas. —Jaime tomó un sorbo de la taza de té que tenía delante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón