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El despertar del Dragón romance Capítulo 585

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó nervioso un guardia cuando Teodoro llegó con Jaime a la entrada.

Teodoro se apresuró a explicar:

—Es un placer conocerlo. Soy Teodoro Jiménez, el general del Ministerio de Justicia, y vengo a conocer al Señor Cauduro.

Después de evaluar al hombre con detenimiento, el guardia recuperó por fin el aplomo y dijo:

—Así que es el general Jiménez. Lo reportaré de inmediato.

Tan pronto como sus palabras cayeron, se alejó, dejando a Jaime y Teodoro esperando fuera.

Mientras tanto, Galileo y Reinaldo estaban en la sala de estar, y frente a ellos había un hombre de unos cincuenta años, que tenía una cara cuadrada y un físico fornido.

Aquel hombre de mediana edad tenía una presencia digna y autoritaria, lo que quizá explicaba que incluso el rico empresario de Zona Z, Galileo, y el mejor mago, Reinaldo, se comportaran con tanto respeto ante él.

No era otro que el líder de Puerta Siena, Germán Cauduro, que había participado en muchas guerras y ganado muchos elogios.

—Señor Zambrano, Señor Yarritu, por favor, disculpen que mis hombres los hayan invitado de forma tan repentina —dijo Germán con amabilidad.

—Es usted muy amable, Señor Cauduro. Es un honor para nosotros poder compartir sus penas. — Galileo estaba sorprendido de manera grata por la cortesía del hombre.

Del mismo modo, Reinaldo también intervino:

—Es un honor para nosotros serle de utilidad. Haremos todo lo posible por ayudarle si lo necesita.

Una sonrisa apareció al instante en el rostro de Germán.

—Ya que has dicho eso, no me contendré entonces. Supongo que habrás escuchado que tengo un hijo. Lleva más de un año postrado en la cama a causa de una lesión. Señor Yarritu, esperaba que pudiera echarle un vistazo para ver si se puede curar...

—¿Podría acercarme a su hijo para que pueda comprobar su estado? —preguntó Reinaldo con cortesía.

—¡Por supuesto! Acompáñeme entonces. —Germán asintió y se preparó para llevar a Reinaldo y a Galileo al dormitorio.

Al mismo tiempo, un guardia entró presuroso y le susurró algo al oído.

No dedicó ni una mirada a Jaime en todo el tiempo, dando por sentado que este era el subordinado de Teodoro.

Sin embargo, Galileo y Reinaldo no pudieron evitar fruncir las cejas al unísono al ver la llegada de Teodoro y Jaime.

—Señor Cauduro, he oído que su hijo lleva un año en coma. Por eso, he traído al Señor Casas en especial para que trate a su hijo. —Después de verbalizar el motivo de su visita, Teodoro se dirigió a Jaime y continuó—: Señor Casas, este es el Señor Cauduro.

—Encantado de conocerle, Señor Cauduro. —Jaime hizo una ligera inclinación de cabeza y le tendió la mano a Germán para estrecharla.

Sin embargo, este no le correspondió. En su lugar, miró a Jaime y frunció el ceño.

«¿Qué podría hacer un joven de veinte años?».

Cabe destacar que Germán había consultado a expertos de todo el mundo sobre la enfermedad de su hijo. Por desgracia, hasta la fecha no había encontrado una cura.

Al final, aunque no quedaría bien si la opinión pública descubriera que un gran líder como él creía en la magia, Germán estaba dispuesto a arriesgarlo todo y decidido a buscar la ayuda de Reinaldo para encontrar una cura para su hijo. Si no hubiera agotado todas las soluciones posibles, tampoco habría recurrido a invitar a Reinaldo.

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