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El despertar del Dragón romance Capítulo 592

Reinaldo empezó a cantar mientras sostenía la aguja de plata en la mano. Al cabo de un rato, la aguja empezó a agitarse con fuerza, lo que provocó una serie de zumbidos parecidos a los de los insectos.

A medida que la aguja de plata se agitaba más rápido, una llama azul pálido se formó poco a poco en las yemas de los dedos de Reinaldo, envolviendo el trozo de metal y quemándolo de un rojo intenso.

En todo momento, Reinaldo no aflojó su agarre de la aguja de plata a pesar del calor. Aquella escena asombró a Germán, ya que nunca había visto a nadie aplicar la magia. Por no hablar de que no podía creérselo, ya que era el líder de Puerta Siena.

Sin embargo, se quedó asombrado y sin palabras cuando vio la abrumadora escena con sus propios ojos.

Con una mirada llena de admiración, alabó:

—¡Señor Yarritu, no me extraña que se le conozca como el mejor mago de Zona Z! Es increíble.

—Señor Cauduro, esto no es más que un simple truco. Las capacidades del Señor Yarritu van más allá de nuestra imaginación. ¡Puede incluso resucitar a alguien de entre los muertos! —declaró Galileo con orgullo al ver la reacción de Germán.

Aunque Germán sabía que la noción de resurrección era absurda, no dudó de las palabras de Galileo después de presenciar cómo Reinaldo podía hacer milagros con la aguja de plata.

Mientras tanto, Reinaldo sostenía la ardiente aguja roja y la pinchaba hacia el corazón de Jacinto. En el momento en que atravesó la piel del joven, sonó una serie de siseos petrificantes. Incluso se percibió un olor a quemado en el aire.

En vilo, Germán entrelazó los dedos con fuerza. Tuvo un fuerte impulso de preguntar a Reinaldo si aquel era un método seguro, temiendo que la vida de su hijo se pusiera en juego cuando la aguja atravesara su corazón. Sin embargo, se contuvo de interrumpir a Reinaldo, temeroso de causar algún contratiempo con su impulsividad.

Muy pronto, la larga aguja de plata atravesó el pecho de Jacinto, dejando solo una pequeña sección aún expuesta. A continuación, la sangre negra empezó a brotar de la punta y luego comenzó a salir a borbotones.

Solo entonces Germán se dio cuenta de que la aguja de plata estaba hueca. A medida que pasaba el tiempo, salía más y más sangre negra.

Al ver esto, Reinaldo sacó rápidamente unas cuantas agujas de plata más y las clavó todas en el cuerpo de Jacinto.

Inmediatamente después, el cuerpo de Jacinto se estremeció y abrió los ojos y la boca de golpe.

Mientras esperaba con paciencia a que su hijo le reconociera, un rugido salió de repente de la boca abierta de este, asustándole.

El repentino rugido hizo que Reinaldo y Galileo también se sobresaltaran.

Tras el bramido, Jacinto, que había estado tumbado en la cama, se incorporó bruscamente, con los ojos todavía rojos como la sangre. Mientras salían de su boca volutas de niebla negra, su rostro se ennegreció con rapidez.

Era como si todo su cuerpo se hubiera ennegrecido y enconado en un abrir y cerrar de ojos. La horripilante transformación provocó un escalofrío en Germán.

Mientras tanto, Reinaldo se quedó clavado en el suelo, pues no esperaba un cambio tan drástico en el estado de Jacinto.

«He expulsado con éxito la toxina de su cuerpo. ¿Cómo es posible que su estado empeore de repente?».

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