Arturo se había dirigido en un principio a tratar de encontrar algunos tesoros. Como las cosas se habían desarrollado de tal manera, necesitaba saber cuándo podrían volver. Al fin y al cabo, habían venido en el mismo auto, así que tendrían que seguir la disposición de Jaime.
—Señor Gómez, por favor, llévese primero a Josefina e Isabel. Me quedaré en Ciudad Jade unos días más. Hay algo que necesito hacer.
Jaime no dio más detalles porque no quería preocupar a Josefina.
En cuanto Josefina lo escuchó, pidió quedarse también.
—¿Para qué? Yo también quiero quedarme contigo.
—Yo también. Puedo ir a hacer turismo con Josefina. Aquí hay bastantes lugares históricos famosos —intervino Isabel.
—No, las dos tienen que volver hoy.
Jaime los rechazó sin dudarlo.
Una vez que se enteró de que Ciudad Jade era un lugar peligroso con muchas fuerzas ocultas al acecho, no se atrevió a permitir que Josefina siguiera ahí. Si alguno de Los Contreras decidía hacerle daño, sería demasiado tarde para arrepentirse.
Josefina miró a Jaime con desagrado, pero no se atrevió a hacer un berrinche.
En su lugar, hizo un puchero con la boca y dijo:
—Déjame advertirte primero. Será mejor que no hagas tonterías si te quedas en Ciudad Jade. Si me entero, no te lo perdonaré.
—Relájate. Puede que Ciudad Jade sea una gran ciudad, pero no podré encontrar otra mujer tan bella, gentil y virtuosa como tú —dijo Jaime con una sonrisa.
Su frase la hizo sonrojar.
Jaime asintió.
—Claro, en cuanto tengas novedades, llámame.
Después de que Teodoro se fuera, Jaime quiso cultivar en la habitación del hotel. Sin embargo, apenas había energía espiritual en una ciudad bulliciosa como Ciudad Jade. Sin el recurso, solo sería una pérdida de tiempo cultivar.
Viendo que se hacía tarde, Samuel llamó a Jaime para invitarle a cenar. Sin embargo, este lo rechazó porque ya no era necesario que consumiera alimentos o bebidas cuando estaba en la Fase de Trascendencia. De hecho, Jaime podía pasar días sin comer ni beber en la fase actual, y seguía sin sentir hambre. Además, no le gustaba estar en situaciones en las que fuera el centro de atracción y la gente tratara de adularlo.
Las luces de la calle se fueron encendiendo poco a poco, e iluminaron toda la ciudad, haciendo que Ciudad Jade tuviera un aspecto pintoresco. Jaime bajó las escaleras, pensando en dar un paseo por las calles.
Mientras tanto, en el comedor de la residencia de Los Contreras, nadie comía a pesar de que había una mesa llena de comida. Servando tenía una expresión sombría en su rostro, y el ambiente en la habitación era sofocante.
—Papá, ya que sabes que ese tipo, Jaime, está en Ciudad Jade, ¿por qué no mandas a alguien a matarlo y a vengar a Fernando? —preguntó un joven de unos veinte años sentado junto a Servando.

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