Las palabras del hombre dejaron boquiabierto a Jaime. No sabía a qué se refería este con lo de fortalecer su cuerpo. Aunque cultivaba sin cesar y buscaba por todas partes recursos para mejorar su rango, nadie le había dicho nada sobre el fortalecimiento de su cuerpo. Ni siquiera Daren le había enseñado al respecto.
—Dijiste que me necesitabas vivo para reclamar una recompensa. ¿Te enviaron los Contreras?
Jaime miró con atención al hombre que tenía delante.
«No puedo subestimar a Los Contreras si pueden contratar a un hombre poderoso como él. No será un buen augurio para mí si caigo en sus manos».
—¿Los Contreras? ¿Quiénes son?
El hombre estaba confundido sobre a quién se refería Jaime.
—Los Contreras de Ciudad Jade con Silvio como cabeza de familia. ¿No los contrataron?
Como Jaime no tenía ningún otro enemigo en Ciudad Jade, La Familia Contreras era lo único en lo que podía pensar.
El hombre chasqueó la lengua con desprecio.
—Los Contreras no son nada. Tendrán que ponerse de rodillas para recibirme si me ven. ¿Cómo podrían permitirse contratarme?
—¿Entonces por qué estás aquí para capturarme? ¿Quién te lo ordenó?
Jaime quería saber quién le perseguía.
—¡Deja de hacer tantas preguntas! ¡Lo sabrás cuando llegues ahí! Sígueme en silencio si no quieres sufrir.
El hombre había perdido la paciencia y no quería seguir charlando con Jaime.
—No voy a ir contigo. —Este negó con la cabeza.
Había ganado confianza al saber que el hombre no lo mataría. Como no quería seguirle a un lugar desconocido, decidió defenderse con todas sus fuerzas.
Ante el persistente rechazo de Jaime, el hombre se enfureció. Cuando alargó la mano para agarrarlo, refunfuñó:
Jaime vio cómo la actitud de Toro daba un giro de 180 grados. Antes lo había tratado con desprecio, y sin embargo se comportaba tan sumiso ante el hombre de mediana edad llamado Ramón.
Justo cuando Toro se dio la vuelta para marcharse, Jaime no se dio cuenta de cómo lo hizo Ramón, pero este se había interpuesto en el camino de Toro en un abrir y cerrar de ojos, impidiéndole marcharse.
Toro se quedó atónito.
—Ramón, te dije que solo estaba bromeando. ¿No puedo irme?
—¿Crees que todavía puedes irte?
La intención asesina brilló en los ojos de Ramón.
Todo rastro de sonrisa desapareció de la cara de Toro mientras miraba con atención a Ramón. De repente, una ola de aura similar a una cuchilla estalló de él, cargando hacia Ramón y Jaime.
Jaime se vio impotente ante el aura de la cuchilla y se dio cuenta de que no podía esquivarla, sin importar la dirección en la que se moviera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón