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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 6094

En la plataforma, Dorian y Vivian se encaraban. La túnica de él era del color de la nieve recién caída; la de ella, de un verde brumoso y suave. Uno junto al otro, parecían una pareja de inmortales salida de una pintura.

Abajo, la multitud los contemplaba, hechizada. Los murmullos se fueron apagando… hasta casi desaparecer.

Se consumió por completo una varilla de incienso y, aun así, nadie se atrevió a subir al escenario para lanzar un desafío.

La sonrisa de Dorian se ensanchó apenas.

Se llevó las manos a la espalda y dejó que su mirada se deslizara sobre los presentes. Parecía amable, pero les pasaba por encima, como si preguntara en silencio: ¿quién más se atreve?

La gente se apresuró a esquivar esos ojos. Unos bajaron la cabeza, otros desviaron la vista, y algunos incluso se dieron la vuelta y fingieron platicar con los de al lado.

El resultado de la Evaluación de los Cuatro Pilares seguía exhibido: la puntuación de Dorian había aplastado todos los intentos anteriores. ¿Quién se ofrecería solo para quedar humillado?

Al final, alguien masculló: "Parece que hoy nadie tiene el valor de subir".

Dorian retiró la mirada. Su voz siguió suave, sin dejar claro si estaba decepcionado o complacido.

Se volvió hacia Vivian y le hizo un saludo con el puño y la palma. "Señorita Janis, ya que nadie quiere intentarlo de nuevo, ¿podemos pasar a la siguiente prueba?"

Un brillo sutil cruzó los ojos de Vivian. El velo ocultaba su expresión, pero esas pupilas, claras como agua de otoño, parecían guardar un rastro de aprobación.

Asintió apenas. "Lord Gálvez tiene razón. Si nadie da un paso al frente, entonces…"

"Un momento".

Una voz nítida se alzó desde la multitud.

No fue fuerte, pero todos la oyeron con claridad.

Sobresaltados, todos voltearon hacia donde venía.

Un hombre con una túnica azul sencilla salió caminando sin prisa.

Su ropa era simple, su rostro corriente, y su aura estaba bien escondida, casi invisible. Solo sus ojos eran distintos: quietos y profundos, como un pozo sin fondo.

Era Jaime.

Dorian alzó una ceja y lo barrió con la mirada de arriba abajo.

Luego, la comisura de su boca se elevó en una sonrisa leve, mitad juguetona, mitad despectiva.

La gente estalló al instante.

"¿Y ese quién es? ¿Todavía quiere subirse?"

"¿Estás loco o qué? ¿No viste la puntuación de Lord Gálvez? ¡Nomás va a hacer el ridículo!"

"Míralo… a lo mucho, Reino Alto Inmortal Nivel Uno. ¿Y quiere competir?"

"¿Nivel Uno? ¿Escuché bien? ¿Reino Alto Inmortal de Máximo Nivel, Nivel Uno? ¿Me estás tomando el pelo?"

"¡Jajaja! ¿Un Nivel Uno se atreve a meterse en este torneo de matrimonio? ¡La señorita Janis es Nivel Ocho! ¡Es como un sapo encaprichado con una cisne!"

"¡Bájate! ¡Deja de dar pena!"

Las burlas le cayeron encima como una marea.

La expresión de Jaime no cambió mientras caminaba hacia la plataforma, paso tras paso, sin titubeos.

Al verlo acercarse, la sonrisa de Dorian se marcó un poco más.

No dijo nada, pero sus ojos lo dejaron clarito: a ver con qué truco crees que vienes.

Tras el velo, la mirada de Vivian se afiló, estudiando al desconocido de túnica azul.

Un momento después, frunció el ceño. Una voz fría se deslizó desde detrás del velo:

"Joven maestro, el torneo tiene reglas. En la Evaluación de los Cuatro Pilares hay que superar dos tercios antes de que yo deje el palanquín. Lord Gálvez ya lo logró, y la siguiente prueba está por comenzar. Si desea competir, quizá deba esperar a la próxima ocasión".

Su tono seguía siendo cortés, pero el mensaje era clarísimo: no tienes las credenciales; no nos hagas perder el tiempo.

Jaime subió a la plataforma y se detuvo frente a los cuatro Pilares del Torneo.

Levantó la vista hacia Vivian, sereno como agua quieta. "La señorita Janis malinterpreta. No quiero una próxima ocasión… quiero intentarlo ahora".

Sus palabras provocaron otra oleada de carcajadas abajo.

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