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El despertar del Dragón romance Capítulo 649

Raúl miró a Jaime.

—No me traicionaste, pero te cruzaste con alguien más que no deberías. Esa persona te ha pedido que te largues, ¿entendido?

—Ya veo. —Jaime asintió.

Parecía que su suposición era correcta.

Pasó junto a Raúl y los demás hacia la posada.

Cuando Raúl se dio cuenta de que Jaime acababa de ignorarlos, de inmediato se giró para entrar al edificio, queriendo detener a Jaime.

Sin embargo, justo cuando Raúl estiró su brazo, Tomás hizo su movimiento. Agarró el brazo de Raúl y se lo rompió con facilidad.

Raúl gritó mientras el intenso dolor subía por su brazo.

Sin embargo, fue como si Jaime no lo hubiera escuchado en absoluto; continuó caminando hacia el edificio. Al mismo tiempo, Fénix sonrió.

—Tomás, te dejaré estas personas a ti. Me voy a la cama ahora.

—Oye, no lo hagas. Dame medio minuto. Vamos a dormir juntos.

Tomás entró en pánico cuando se dio cuenta de que Fénix también se iba.

Tomás y Fénix llevaban mucho tiempo durmiendo juntos. Ya tenían esa edad, por lo que dormir juntos no era nada fuera de lo normal.

Fénix no respondió a eso mientras continuaba hacia la posada con una sonrisa en su rostro. Mientras tanto, Tomás se volvió aún más ansioso. Agitó las manos y de inmediato una ráfaga de viento se precipitó hacia los hombres que Raúl había traído con él. En segundos fueron arrojados al suelo, incapaces de volver a levantarse.

Tomás luego se apresuró detrás de Fénix. Cuando Alirio vio lo que acababa de suceder, sus ojos casi se salen de sus órbitas mientras caía al suelo.

Al escuchar eso, Tomás se congeló. A su lado, Fénix se puso de color rojo brillante y de inmediato corrió escaleras abajo.

Al darse cuenta de lo que Jaime había querido decir, Tomás se rio con torpeza.

Luego, los tres bajaron a desayunar. Para su sorpresa, Zaid había enviado a Alirio a recogerlos antes de lo esperado.

Alirio se puso pálido al ver a Jaime y los otros dos. No se atrevió a mirarlos a los ojos, en especial a Tomás. Cuando Alirio estuvo cerca de Tomás, comenzó a temblar, pues estaba estupefacto por lo que había sucedido la noche anterior.

—Oye, no soy un monstruo que está a punto de engullirte. ¿Tienes que estar tan asustado? —preguntó Tomás, divertido por la reacción de Alirio.

Alirio no tuvo valor para responderle. Mantuvo la vista fija durante todo el trayecto hasta la Residencia Rodríguez.

Cuando Jaime y compañía llegaron a la Residencia Rodríguez, vieron a Zaid y Ernesto afuera. Ernesto estaba de rodillas con las manos atadas a la espalda.

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