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El despertar del Dragón romance Capítulo 660

—Gracias, Señor Casas. ¡Muchas gracias! —Ludo expresó su gratitud en repetidas ocasiones.

Estuardo caminó hacia Jaime con una mirada de admiración e hizo una reverencia. Había perdido su comportamiento orgulloso hace mucho tiempo.

—No sabía que era un hombre de hechicería. En verdad estaba ciego. Por favor, Señor Casas, no se tome en serio lo que le dije.

Jaime solo sonrió y no dijo nada. Estaba sorprendido de que Estuardo en verdad supiera hechicería.

—Ludo, salvé a tu padre. ¿Me podrías mostrar ahora el ginseng milenario? —preguntó Jaime.

Ludo parecía preocupado mientras miraba a Fermín.

Fermín dijo de inmediato:

—Señor Casas, el ginseng milenario no está aquí...

—Sé que no está aquí. ¿Dónde está? Llévame ahora —dijo Jaime.

—Yo… yo… es... —Fermín murmuró vacilante, incapaz de hilvanar una oración adecuada.

—¿Me vas a decir que no tienes el ginseng milenario? ¿Me vas a decir que me has estado mintiendo? —preguntó Jaime.

Su pregunta sobresaltó a Fermín. De inmediato agitó las manos y dijo:

—No, no, no. ¿Cómo podríamos tener el coraje de mentirle, Señor Casas? Tenemos el ginseng milenario, pero no lo cosechamos. Todavía está en el Bosque Ciego Negro. Señor Casas, estoy seguro de que sabe que extraer ginseng requiere habilidad y experiencia. Romper cualquier parte del ginseng reducirá de manera considerable su valor. Por eso no nos atrevimos a sacarlo.

Eso era algo que Jaime sabía. El ginseng no era algo que cualquier persona al azar pudiera extraer, ya que podría arruinarlo por accidente. La Familia Santos no estaba involucrada en el campo del cultivo de ginseng, por lo que era razonable que no se atrevieran a cosecharlo.

—Bueno, entonces, llévame a eso.

Jaime tampoco sabía cómo sacarlo, pero si en verdad era un ginseng milenario, podría cultivar junto al ginseng y extraer su energía espiritual en su lugar. De esa manera, no tendría que reflexionar sobre cómo debería cosecharlo.

Al escuchar eso, Fermín agitó con ansiedad las manos.

Iván los miró, confundido.

—¿Dónde estoy? ¿Qué sucedió? —preguntó con el ceño fruncido, todavía sin saber qué le había pasado.

Ludo le contó todo. Cuando Iván escuchó que había sido poseído, de inmediato se empapó de sudor frío.

—Iván, el Señor Casas fue quien te salvó. Si no fuera por él, la Familia Santos habría estado condenada —le dijo de inmediato Fermín a su hermano.

—Sí, sí. Date prisa y da las gracias al Señor Casas. ¡Lo que sucedió antes casi me mata del susto! —agregó la esposa de Iván.

—Gracias por salvarme, Señor Casas —dijo Iván mientras se ponía de pie.

Aunque estaba sorprendido por lo joven que se veía Jaime, no dejó que la sorpresa se mostrara en su rostro.

—Ni lo mencione, Señor Santos. Sin embargo, me gustaría saber qué les pasó a todos ustedes en el Bosque Ciego Negro —inquirió Jaime.

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