—Yo lo hice. —En ese momento, un silencio sepulcral inundaba la atmósfera, por lo que todos miraron en dirección a la hermosa voz varonil que resonó en el lugar en tono tranquilo; de inmediato, advirtieron la presencia de Jaime, cuyo semblante lucía sereno, mientras los observaba de pie sobre una piedra. De pronto, una esbelta figura apareció a su lado y de inmediato, reconocieron que se trataba Lilia, quien se dispuso a posar una intensa mirada en el rostro de César.
Un momento después y tras notar a varias personas detrás de Jaime, el semblante de César palideció por completo, antes de indagar en tono severo:
—¡No puedo creer que alguien fuera capaz de rescatar a Lilia y toda esa gente en Ciudad Maple! ¡Es increíble que te atrevieras a destruir el manantial mágico de la Secta Empírea, así que te exijo que me digas tu nombre!
En ese momento, se escuchó la hermosa voz varonil de Jaime al responder, ecuánime:
—¡Ja, te aseguro que no debes preocuparse por mí! —Al terminar de emitir esas palabras, el apuesto hombre esbozó una pequeña sonrisa burlona; ante esa reacción, César no pudo evitar pensar, anonadado:
«¡Ahora recuerdo que Rey Venenoso me advirtió que este hombre era un demente! ¡Estoy seguro de que se trata de la misma persona! Sin embargo, ¡no puedo creer que no solo sobreviviera, sino que tenga la osadía de hablarme de esta manera!».
—¡Imbécil, no puedo creer que te dirijas Señor Saldaña con completo desdén!
—¡Así es! ¡Después de todo, el Señor Saldaña es el líder de la Secta Empírea!
—¡No toleraremos este tipo de ofensas!
En ese momento, los hombres de la Secta Empírea se colocaron frente a César para protegerlo de cualquier ataque; ante la dramática escena que se suscitaba frente a sus ojos, Jaime no pudo evitar dejar escapar una pequeña risa al reflexionar:
«En verdad, es increíble que estos inútiles crean que pueden detenerme…».
Entonces y antes de que pudieran continuar, el apuesto hombre se apresuró a decir, con voz tranquila:
—Me parece curioso que respeten tanto a este hombre; después de todo, les recuerdo que no hace mucho, perdió su virilidad, a cambio de un poco de poder. —Al escucharlos, los hombres permanecieron en silencio, por lo que el joven añadió—: Bueno, si creen que miento, pídanle que se desvista para mostrarles.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón