El Caldero Divino era una de las diez herramientas divinas antiguas. Jaime escuchó hablar de ellas por Daniel, y se sorprendió al encontrarse con una. El Caldero Divino era un objeto que todo sanador deseaba poseer. Él no esperaba encontrarse con semejante tesoro durante su primer viaje a Nutana. Jaime tenía una expresión de asombro en su rostro mientras sus ojos se iluminaban de emoción. Entonces, agarró el Caldero Divino para examinar sus inscripciones. Por la forma y el método de fundición de la vasija, no había duda de que el caldero era auténtico. ¡Era el verdadero Caldero Divino!
Jaime se sentía tan abrumado que le temblaban las manos. Era una sorpresa inesperada y agradable para él. Con el Caldero Divino, sería capaz de elaborar píldoras más avanzadas. ¡Incluso podría ser capaz de producir la píldora de desintoxicación! Si lo lograba, compartiría las píldoras con Tomás y Fénix. Sería maravilloso que tanto Tomás como Fénix pudieran también entrar al Reino Celestial con el potencial efecto desintoxicante que las píldoras tenían en sus cuerpos. Así como Jaime necesitaba habilidades poderosas, también necesitaba ayuda. Si sus compañeros también fueran maestros del cultivo de energía espiritual, ya no tendría nada que temer.
Santino y Sergio intercambiaron miradas al ver lo emocionado que estaba Jaime. Pero, Santino podía sentir que su corazón sangraba. El caldero permaneció guardado en la Residencia Reynoso durante décadas, y la familia asumía que se trataba de un objeto funerario ordinario. Aunque sabían que era valioso, para ellos el artefacto no era nada comparado con los otros calderos más grandes que poseían.
Santino eligió el caldero más pequeño para ofrecérselo a Jaime, pensando que era el más inútil de todos. Nunca esperó que el recipiente pudiera aumentar de tamaño. Además, solo con ver la expresión de Jaime, Santino estaba seguro de que el objeto era demasiado valioso, pero como ya se lo había obsequiado, ya no podía recuperarlo.
—Señor Reynoso, me gusta mucho este caldero. Aceptaré su regalo. Si hay algo en lo que necesite mi ayuda, no dude en pedírmelo.
Jaime pasó su mano por el caldero, y al instante, el objeto se redujo a su tamaño original. Después de escuchar lo que dijo Jaime, Santino se sintió encantado, y la frustración que sentía antes se disipó al instante. Con los ojos brillando de emoción, dijo:
—Señor Casas, ya que lo ha mencionado, hay algo con lo que necesito ayuda...
—¿Qué es? Si es algo en lo que puedo ayudar, lo haré con mucho gusto —respondió Jaime, abrazando el Caldero Divino entre sus brazos.
Como el hombre estaba encantado de haber conseguido un tesoro tan raro, aceptó sin dudarlo. Tras echar una mirada a Sergio, Santino le dijo a Jaime:
—Señor Casas, escuché que, además de ser hábil en las artes marciales, sus habilidades médicas no tienen igual. A decir verdad, mi esposa está muy enferma. Espero que pueda ayudar a tratarla.


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