A Josefina y a las demás les dieron ganas de vomitar cuando Colín les sonrió, pero se contuvieron.
—Esa tarjeta nos pertenece, pero nos la quitó.
Colín miró la tarjeta que sostenía el hombre de negro y sonrió.
—No se preocupen, señoritas. Se la devolveré. —Miró a sus hombres
Ellos asintieron.
Uno de ellos se acercó al hombre de negro con arrogancia.
—Oye, dame esa tarjeta.
—Reservé una habitación, así que esta tarjeta me pertenece —respondió con calma.
—Deja de lloriquear y dame esa tarjeta, ¿me oyes? —exigió el lacayo de Colín con arrogancia.
El hombre de negro lo miró antes de mirar a Colín por un momento. En lugar de entrar en una discusión, el hombre trató de marcharse. Si la multitud seguía reuniéndose, el hombre sabía que sería cuestión de tiempo que alguien se diera cuenta de que era un Cultivador Demoniaco.
Al lacayo de Colín le molestó que el hombre de negro lo ignorara. Frunció el ceño y se acercó para interponerse en su camino.
—¡Dije que me dieras la tarjeta! ¿Estás sordo?
—Fuera de mi camino. —El hombre comenzó a enojarse.
«¿Qué demonios? ¿Cómo se atreve a hablarme así? ¡Soy del Estado de las Sombras! ¿Cómo se atreve a rechazarme? ¡Soy un Gran Maestro Superior de Nivel Cinco! ¡Nadie puede hablarme así!».
La actitud del hombre de negro hizo que Colín frunciera el ceño y se le borrara la sonrisa.
«¡Cómo se atreve a ir en contra de mis órdenes! ¡Maldito sea!».
El lacayo de Colín se dio cuenta del mal humor de su joven maestro, y supo que había avergonzado a Colín. Si fallaba en la tarea, sabía que lo castigaría una vez que regresaran. En un ataque de desesperación y rabia, rugió contra el hombre de negro e intentó atraparlo.
Era un Gran Maestro Superior de Nivel Cinco, y su fuerza no debía subestimarse.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón