—¡Al parecer, se rehúsa a entregarme la esencia dragoniana, así que tendré que aniquilarlo por completo! —rugió Stefano, antes de continuar, con voz amenazadora—: ¡Le recuerdo que nadie ha sobrevivido a la furia de la Familia Salgado!
A pesar de la delicada situación, Jaime parecía no inmutarse; de hecho, se limitó a guardar silencio. Casi de inmediato, unas terribles llamas envolvieron la Espada Matadragones, mientras se preparaba para atacar; ante la impactante escena que se suscitaba frente a sus ojos, los hombres de Stefano se limitaron a observar la legendaria arma, anonadados. Tras una breve pausa, Jaime exclamó con voz aterradora:
—¡Suficiente, he tolerado sus estupideces por mucho tiempo! —Al terminar de emitir esas palabras, se abalanzó en su contra, al tiempo que reflexionaba:
«Debo encontrar una manera de siquiera herirlo, pues solo así podré escapar, antes de que sus hombres decidan intervenir».
En ese momento, el semblante de Stefano palideció por completo ante el inminente ataque, ya que nunca se hubiera imaginado que su oponente lograría alcanzar semejantes niveles de energía dentro de la esfera de contención; sin embargo, pudo recuperar la compostura de inmediato para así emitir un campo de fuerza dorado que le permitiría protegerse. Tras lograr esquivar un par de golpes, decidió arremeter en su contra, por lo que, ante su inesperada reacción, Jaime se apresuró a desatar la devastadora fuerza de su Energía Espiritual; entonces, los ensordecedores sonidos de los golpes resonaron en la atmósfera.


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