Al mismo tiempo, Jaime corría a toda velocidad en aquel enorme bosque; mientras se disponía a concentrar toda su Energía Espiritual en sus piernas, no pudo evitar pensar, consternado:
«Debo apresurarme a llegar a la Secta del Dios de la Medicina para que puedan curar mis heridas; de lo contrario, me temo que no lograré sobrevivir».
…
A la mañana siguiente, tan pronto arribó a su destino, los guardias se apresuraron a abrir las colosales puertas al advertir su presencia, pues, además, notaron el deplorable estado en el que se encontraba, por lo que no tardaron en informarle a Álvaro sobre su llegada; tan solo un momento después, Álvaro apareció, acompañado de un grupo de ancianos y Lilian, cuya voz resonó en un chirrido lleno de dolor al notar las heridas en su cuerpo:
—¡Jaime, no puedo creer que te encuentres en esta condición!
De inmediato, el apuesto hombre respondió en tono tranquilo para intentar tranquilizarla:
—No te preocupes; tan pronto logre recuperar mis fuerzas, les contaré todo al respecto —Al terminar de emitir esas palabras, dejó escapar un pequeño grito de dolor, antes de continuar—: Señor Narvarte, necesito que prepare las hierbas necesarias para elaborar una Pastilla de Rejuvenecimiento. —Entonces, dejó escapar un enorme suspiro, exhausto.
Ante la inusual escena que se suscitaba frente a sus ojos, Álvaro protestó, casi en un susurro:
—Señor Casas, necesita descansar.
Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más al respecto, Jaime se apresuró a interrumpirlo al decir, con voz severa:


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón