—¡Argh! —Andrés tronó. Aunque sintió el impulso de volver a golpear a Ignacio, el insoportable dolor de su cabeza le hizo desplomarse en el suelo.
Observando a Andrés en agonía, Ignacio esbozó una ligera sonrisa.
—Esclavo mío, ahora te ordeno que mates a este hombre delante de mí.
La voz de Ignacio sonó como si hubiera venido de las profundidades del infierno, haciendo que Andrés se callara de inmediato. Al momento siguiente, este se puso en pie y miró fijamente a Jaime.
—Andrés...
Al ver la mirada de Andrés, Jaime frunció el ceño mientras retrocedía deprisa.
—Muere...
Andrés soltó un potente puñetazo a Jaime sin contenerse en absoluto.
—¡Andrés, despierta! —gritó Jaime con ansiedad mientras esquivaba al mismo tiempo.
No luchó directamente contra Andrés, pues hacerlo sería hacerle el juego a Ignacio.
Desgraciadamente, sus súplicas cayeron en saco roto, ya que Andrés atacó implacablemente como una bestia desbocada.
Viendo lo que se desarrollaba ante él, una mirada de suficiencia descendió sobre el rostro de Ignacio.
—No te detengas. Mátalo. Mátalo. —Ignacio presionó a Andrés con su control mental.
La andanada de golpes que Andrés lanzó a Jaime fue tan rápida que los estampidos sónicos sonaron sin cesar.
Jaime no tenía más remedio que evitarlos como la peste, pues una mínima vacilación le haría recibir un golpe.
—Ja, ja, ja...
Al ver la desesperación en la cara de Jaime, Ignacio se regodeó con alegría.
Al igual que un público en el teatro, Ignacio observó en silencio cómo Jaime y Andrés luchaban entre sí.
«¡Bam!».

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