En Bahía Dragón.
Al recibir la noticia de que Josefina e Isabel regresaban, Gonzalo y Arturo se apresuraron a volver.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Gonzalo vio a su hija. Al ver que por fin estaba de vuelta, las lágrimas corrieron por su rostro mientras la estrechaba en un fuerte abrazo.
Josefina notó que su padre parecía haber envejecido de manera notoria, y se culpó por ello. Después de todo, había descuidado a su propio padre cuando estaba ocupada siguiendo a Jaime.
—Lo siento, papá. Siento mucho haberte hecho sufrir solo... —dijo, disculpándose de forma profunda.
—Niña tonta. Sé que estabas haciendo grandes cosas con Jaime. Hasta yo puedo notar el cambio en ti ahora que te he podido ver.
Gonzalo se sintió muy feliz por su hija. Cualquiera se alegraría de ver a sus hijos conseguir grandes cosas.
Al mismo tiempo, Arturo sostenía con fuerza la mano de Isabel. Su nieta favorita también había cambiado mucho, y se sentía aliviado de verla así.
Jaime se sintió muy conmovido por la escena que tenía ante sí. No sabía si estaba bien o mal que Josefina e Isabel dejaran a sus familias para viajar con él, y se preguntaba si había sido demasiado egoísta.
Por fortuna, ahora estaban todos reunidos y tenían un raro momento de felicidad.
También presentó a Ramón a Gonzalo y Arturo. Ambos se mostraron muy agradecidos cuando les dijo que el hombre había cuidado mucho de las dos señoras.
Por la noche, Gonzalo preparó a propósito un festín en el Hotel Glamor, y el grupo se sentó con alegría a comer juntos.


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