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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 949

En Bahía Dragón.

Al recibir la noticia de que Josefina e Isabel regresaban, Gonzalo y Arturo se apresuraron a volver.

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Gonzalo vio a su hija. Al ver que por fin estaba de vuelta, las lágrimas corrieron por su rostro mientras la estrechaba en un fuerte abrazo.

Josefina notó que su padre parecía haber envejecido de manera notoria, y se culpó por ello. Después de todo, había descuidado a su propio padre cuando estaba ocupada siguiendo a Jaime.

—Lo siento, papá. Siento mucho haberte hecho sufrir solo... —dijo, disculpándose de forma profunda.

—Niña tonta. Sé que estabas haciendo grandes cosas con Jaime. Hasta yo puedo notar el cambio en ti ahora que te he podido ver.

Gonzalo se sintió muy feliz por su hija. Cualquiera se alegraría de ver a sus hijos conseguir grandes cosas.

Al mismo tiempo, Arturo sostenía con fuerza la mano de Isabel. Su nieta favorita también había cambiado mucho, y se sentía aliviado de verla así.

Jaime se sintió muy conmovido por la escena que tenía ante sí. No sabía si estaba bien o mal que Josefina e Isabel dejaran a sus familias para viajar con él, y se preguntaba si había sido demasiado egoísta.

Por fortuna, ahora estaban todos reunidos y tenían un raro momento de felicidad.

También presentó a Ramón a Gonzalo y Arturo. Ambos se mostraron muy agradecidos cuando les dijo que el hombre había cuidado mucho de las dos señoras.

Por la noche, Gonzalo preparó a propósito un festín en el Hotel Glamor, y el grupo se sentó con alegría a comer juntos.

Justo después, la energía espiritual explotó en su campo de elixir. Una luz dorada comenzó a iluminarse desde la esencia dragoniana en él, ya que parecía haber sido atacada.

La energía espiritual del núcleo de la bestia y de la esencia dragoniana estaba a punto de romper el campo de elixir de Jaime, y seguía atravesando su cuerpo.

Enseguida activó la Técnica de Enfoque, absorbiendo sin cesar estas energías espirituales. Un sudor frío cubría su frente, y su cuerpo se expandía y contraía como si fuera una pelota de goma.

Sintiendo una inmensa incomodidad, las cejas del hombre se fruncieron con fuerza. Sabía que tanto su mente como su cuerpo tendrían que pasar por una gran prueba para lograr una hazaña tan grande. Si no era capaz de persistir, podría incluso salirle el tiro por la culata y morir.

Una luz dorada comenzó a iluminarse desde su cuerpo, y la Armadura Gólem se utilizó hasta su límite.

El alivio afloró en el rostro de Ramón cuando vio la luz dorada que provenía del interior de la habitación.

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