Entrar Via

El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 959

Justo cuando toda esperanza parecía perdida, se pudo ver un haz de luz dorado que salía disparado hacia el cielo desde la mansión, dispersando a la bandada de cuervos. Muchos cuervos cayeron al suelo tras quedar atrapados en el haz de luz.

Todos detuvieron sus ataques al ver el cegador rayo de luz.

«¡Bum!».

De repente, el suelo tembló, seguido de Jaime haciendo un agujero en el techo de la mansión y levitando hacia el cielo.

Un brillante manto de luz dorada envolvió el cuerpo de Jaime, haciéndole parecer un inmortal que descendía de los cielos.

Todos miraron al hombre del cielo y se quedaron atónitos ante su aspecto.

—Evaristo, qué...

Por un momento, Altán se sintió desconcertado mientras miraba a Jaime aturdido.

—El mocoso en verdad lo hizo.

Evaristo frunció el ceño y dijo:

—Mis compañeros guardianes, no debemos dejar que complete su avance.

Con eso, pisó el suelo y se elevó en el aire. Luego, liberó una visible ola de energía marcial blanca con su puño.

La ola de energía marcial fue rápida, golpeando a Jaime como una bala de cañón.

«¡Bum!».

Tras un sonido ensordecedor, Jaime, que estaba envuelto en una luz dorada, permaneció indemne en el aire. El golpe de Evaristo no le causó el más mínimo daño.

Evaristo volvió a apretar el puño. Luego, rugió a Jaime y condensó partículas de luz en su puño, haciendo surgir una aterradora ráfaga de energía marcial.

Cuando el aura del cuerpo de Evaristo alcanzó su punto álgido, golpeó con fuerza el pecho de Jaime.

Sin embargo, justo cuando su puñetazo estaba a punto de golpear a Jaime, este abrió de repente los ojos y disparó dos rayos de luz dorados. Entonces, liberó la abrumadora energía espiritual de su cuerpo.

«¡Bum!».

—¿Están bien?

Jaime agitó la mano y tres chorros de energía espiritual penetraron en Josefina y los demás.

—Bueno, aún no estoy muerto. Es bueno tenerte de vuelta. —Josefina sonrió con el rostro pálido.

—Jaime, ve a ver a Nieve. Se está muriendo —le instó Isabel.

Aunque ella también estaba malherida, seguía preocupada por el estado del lobo blanco.

Jaime miró al lobo blanco tendido en el suelo. Su cuerpo estaba cubierto de heridas y estaba al borde de la muerte. Agachado, Jaime le acarició la cabeza con suavidad.

Después de infundir su energía espiritual en el cuerpo del lobo blanco, frunció las cejas.

Se dio cuenta de que los órganos del lobo blanco estaban destrozados y no había forma de salvarlo.

El lobo blanco miró a Jaime y lanzó dos gemidos. También él parecía saber que su vida estaba a punto de terminar. Con su último aliento, el lobo abrió la boca y escupió una canica tan clara como el cristal.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)