El repentino giro de los acontecimientos hizo que todos miraran a Jaime con incredulidad. Como la energía marcial de todos está suprimida, todos somos plebeyos. Entonces, ¿cómo puede un plebeyo abofetear tan fuerte?
—Jaime, ¿tienes ganas de morir o algo así? ¡Dame el cuadro ahora mismo! —Humberto se acercó a Jaime y lo fulminó con la mirada.
—¿Quién diablos te crees que eres? El cuadro es mío y no se lo voy a dar a nadie. Ven a quitármelo si puedes. ¿No eres un Gran Maestro de Artes Marciales de alto nivel? ¿No eres todo un grande y poderoso? Ven y tómalo entonces —Jaime se burló de Humberto.
Todos los presentes pensaron que Jaime se había vuelto loco porque acababa de desafiar a Humberto en público.
—Veo que tienes ganas de morir, ¿eh? —Con una expresión fría, Humberto levantó su mano y la blandió hacia Jaime.
Aunque su energía marcial estaba suprimida, Humberto todavía podía golpear bastante fuerte.
Como Jaime ya se había molestado con Humberto, extendió la mano para agarrar el cuello de Humberto cuando el hombre estaba a punto de abofetearlo. Entonces levantó de forma casual a Humberto.
En ese momento, Humberto parecía una mascota insignificante mientras luchaba en el agarre de Jaime.
Humillado, Humberto retumbó:
—¡Jaime, suéltame ahora mismo! Si no, te haré sufrir un destino peor que la muerte.
—¿Todavía intentas amenazarme en un momento como este? —Mientras Jaime decía eso, levantó la mano y empezó a abofetear a Humberto.
«¡Pas! ¡Pas! ¡Pas!».
Después de ser abofeteado en repetidas ocasiones, las mejillas de Humberto se hincharon.
Todos se sorprendieron al ver a Jaime golpeando a Humberto, pero ninguno se atrevió a intervenir.
Cuando vieron lo que ocurría ante sus ojos, se dieron cuenta de que la matriz arcana no suprimía ni un ápice las habilidades de Jaime. En ese caso, Jaime es ahora el que tiene todas las cartas aquí, y nadie es capaz de desafiarlo.
—Te reto a que vuelvas a amenazarme. —Jaime miró a Humberto con una sonrisa en la cara.

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