—¡Claro que salió redondo! —se jactó el sirviente, con los ojos brillándole de autosuficiencia—. ¿Me estás poniendo en duda?
La doncella seguía con el alma en vilo.
—¿Estás seguro de que no levantaste sospechas? El amo fue claro: el duque de Duskmoor es famoso por ser desconfiado; no se deja engañar así nomás.
El sirviente soltó una risita.
—Bah… capaz que el matrimonio ya le ablandó el juicio. Apenas mencioné a la duquesa Elowen, tragó el anzuelo.
Al ver que ella aún no terminaba de creerle, el sirviente apretó la voz, obstinado:
—¡Te lo juro! Mandé a Bran a hacer otra cosa y yo mismo metí a Su Gracia a la habitación, con silla y todo. ¡A estas alturas ya debe estar cara a cara con la señorita Wrenner!
Convencida por lo vehemente que sonaba, la doncella aflojó un poco; una sonrisa ladina se le dibujó en los labios.
—Bien. Entonces no fue en vano que me tomara la molestia de sacar a la señorita Wrenner de la casa.
—Ahora depende de ella que lo haga beber el vino afrodisíaco.
—Aunque no lo beba, da igual —dijo la doncella, con esa sonrisa de quien ya hizo las cuentas—. El incienso que está ardiendo en ese cuarto es igual de fuerte… si no es que más.
El sirviente asintió, satisfecho.
—Entonces solo toca esperar a que el duque sucumba y termine enredado con la señorita Wrenner. ¡La tarea del amo quedará cumplida!
La doncella negó con la cabeza.
—No alcanza.
—¿Cómo que no alcanza? —El sirviente frunció el ceño.
—Que el duque se acueste con la señorita Wrenner no basta. El amo dijo que, con el poder que tiene, después puede negarlo todo sin inmutarse.
—¡Ah, cierto! —El sirviente se dio una palmada en la frente—. ¿Y entonces?
—Hay que pescarlos en el acto.
Al sirviente se le encendió la mirada.
—¿Voy a jalar a unos invitados de la fiesta del jardín?
La doncella resopló.
—Ya hicimos lo nuestro. ¿Para qué te vas a exponer? Si alguien se queda con tu cara, puede tirar del hilo hasta el amo. Yo ya tengo a alguien mejor para atraer gente.
—¿Ah, sí? ¿A quién?
La doncella alzó la barbilla hacia la habitación contigua.
—Ahí adentro: lady Daphne, hija del Lord Canciller, futura princesa heredera. Se dice que es muy cercana a la duquesa Elowen. ¿Quién mejor para reunir a medio mundo por un escándalo?
El rostro del sirviente se iluminó al entender.
—¡Brillante! Encima hoy ya anda diciendo que la duquesa Elowen la empujó al lago. Si se entera de que el duque anda de coqueto con otra mujer, va a hacer lo imposible por armar un escándalo, volverlo el chisme del día, humillar a la duquesa Elowen… y partirle el corazón.
Dentro de la habitación, la mirada de Cassian se quedó fija en las ondulaciones del vino en la copa. Habló despacio:
—¿Quién te ayudó a salir a escondidas?
Elara sofocó el aleteo del pánico y respondió en un murmullo tenue:


¿Obligarme?
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Despertar Inesperado del Amor La Elección de Elowen
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