Los dos rostros —el de antes y el de ahora— se superpusieron ante los ojos de Alaric, y desde lo más hondo le subió una oleada de asco.
La furia de su vida pasada, mezclada con la debilidad que aún le dejaba la enfermedad, se le vino encima como una embestida y le encendió los ojos de rojo.
La mano le salió disparada. Un bofetón seco.
Daphne soltó un grito al caer al suelo, se apretó la mejilla y lo miró, incrédula. —¿Su Alteza?
La mirada de Alaric estaba cargada de repulsión. —Dime: ¿dónde está Elowen? ¿Otra vez te pusiste a maquinar contra ella? ¿La atrapaste en algún lado para que no pudiera venir al Ala del Príncipe Heredero?
Daphne no entendía por qué le habían pegado… y mucho menos por qué la acusaban así.
Desbordada por la indignación, se le salieron las lágrimas a chorros. —Su Alteza… ¿cómo me atrevería a retenerla? Si ya es un milagro que ella no me haga la vida imposible…
—¡Y todavía te atreves a mentir!
Alaric estalló, alzando la mano otra vez.
Cuando el segundo golpe estaba a punto de caer, Daphne se encogió en el suelo, muerta de miedo. —¡Su Alteza! ¿Ya se le olvidó? ¡En el banquete de nuestro compromiso, Elowen me pateó y me golpeó!
Alaric se quedó helado.
¿Banquete de compromiso? ¿Mi banquete de compromiso con Daphne? ¿No se suponía que era con Elowen?
Daphne, ahogándose en sollozos, alzó la vista hacia él. —Su Alteza, usted lo sabe: desde que Elowen se casó con Su Gracia, el duque de Duskmoor, se ha vuelto cada vez más altanera. No solo conmigo… ni a usted lo toma en serio ya. Esta vez, su encierro fue por culpa de ella. Seguro se está riendo de usted allá en la Mansión Duskmoor… ¿para qué vendría a verlo?
Elowen… ¿la duquesa de Duskmoor?
No… imposible…
Ella lo amaba con todo lo que tenía… ¿cómo iba a casarse con otro?
Tenía que ser Daphne. Estaba mintiendo, intentando meter cizaña entre ellos.
Ya lo había hecho más de una vez. En una ocasión, incluso se las arregló para que se llevaran todos los carruajes, dejando a Elowen varada y sola en la Mansión Duskmoor.
Alaric lo recordaba con claridad: ese día, fue Cassian quien mandó a alguien a escoltar a Elowen de vuelta al Ala del Príncipe Heredero.
—Su Alteza… —la voz de Daphne se volvió suave, lastimera.
Pero a Alaric le sonó aún más repugnante. Se le endureció el gesto. —¡Ya basta!
Agarró un cojín y se lo aventó. —¡Fuera! ¡Fuera de aquí!
El cojín le pegó en la cabeza. No le dolió mucho, pero le zafó la horquilla junto a la sien. El cabello se le vino abajo, y su apariencia, tan cuidadosamente arreglada, quedó arruinada al instante.
Daphne se levantó a trompicones y salió corriendo del cuarto.
Mientras más lo pensaba, más agraviada se sentía. Había ido a visitar a Alaric… ¡se suponía que él debía alegrarse!
¿Por qué de repente está tan furioso? ¿Qué fue lo que salió mal?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Despertar Inesperado del Amor La Elección de Elowen
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