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El Despertar Inesperado del Amor La Elección de Elowen romance Capítulo 302

Sonaba como si Elspeth estuviera anunciando algo de lo más normal.

—Bueno, es bastante simple. Arreglemos esto aquí mismo, en la Mansión Duskmoor. Firmamos los papeles de separación y, después, cada quien por su lado. Tal vez los dos seamos más felices cuando todo se acabe.

Apenas terminó de hablar, su ama de llaves dio un paso al frente y, con sumo cuidado, sacó dos copias impecables de los documentos de separación.

Recién entonces Elowen entendió lo que estaba pasando.

Durante los últimos días, Elspeth había parecido relajada y de buen humor, casi de una manera inusual. Pero mientras todos creían que solo estaba disfrutando su estancia, ella había tomado en silencio una decisión capaz de cambiarlo todo.

Incluso había preparado los papeles de separación con anticipación.

Y Elowen no había notado absolutamente nada.

Alistair se quedó mirando aquellas hojas delgadas. Permaneció inmóvil, como si las piernas se le hubieran negado.

Después de un largo momento, alzó la cabeza y miró a Elspeth. La desesperación le volvió áspera la voz.

—Elspeth… ¿no podemos hablarlo bien? Por favor, no lo termines así. Si estás enojada, grítame, pégame si quieres… lo que sea, pero no te vayas así.

Era un hombre alto y de complexión fuerte, pero en ese instante tenía los ojos inyectados en sangre, con las ojeras oscuras por el agotamiento.

La voz de Elspeth fue un témpano.

—No voy a abofetearte, Alistair. Eso solo me haría quedar como una vieja histérica. Cada vez que me empujabas hasta hacerme perder la paciencia, de alguna manera la que terminaba viéndose como la loca era yo. Yo era la que, según la gente, tenía mal carácter. Yo era la violenta. Ya no voy a seguir permitiéndolo.

—Pero…

Él intentó decir algo más, pero Elspeth lo cortó de inmediato.

—Solo fírmalo. Alistair, no me hagas perder el último poquito de respeto que todavía me queda por ti.

Él apretó la mandíbula y dio un paso atrás.

—No. No voy a firmarlo. Elspeth, tómate unos días para calmarte. Yo voy a arreglarlo todo y luego vendré por ti, en persona.

Sus últimas palabras le salieron entre dientes y traían un filo tenue, como de advertencia.

Le hizo a Elowen un breve gesto de cortesía antes de darse la vuelta y salir. Elspeth fulminó con la mirada su espalda mientras se iba, con el cuerpo entero temblándole de rabia.

—Patético. ¿Eso se supone que es un hombre?

Alistair se detuvo un instante al fondo del pasillo, pero no se dio la vuelta. Un momento después desapareció de la vista, con Lydia apresurándose detrás de él.

De regreso en el carruaje, Lydia se acercó un poco a Alistair y le estudió el rostro con cuidado.

Dudó un instante antes de hablar.

—Alistair —dijo con suavidad—, hoy dejó las cosas clarísimas. ¿Por qué no quieres firmar los papeles de separación? La verdad… quizá sea lo mejor para los dos. A veces soltar es la única manera de seguir adelante.

Alistair se veía agotado.

—Llevamos décadas casados, Lydia. No puedo tirar el matrimonio como si no significara nada. Tenemos dos hijos, ya grandes, haciendo su vida. Si nos separamos ahora, ¿qué crees que va a decir la gente? ¿Qué clase de hombre van a pensar que soy?

Por un instante, algo punzante centelleó en los ojos de Lydia: un rastro de resentimiento y celos que se esfumó casi al momento.

—Sé que esto debe ser durísimo para ti —dijo en voz baja—. Pero tu esposa hoy se veía completamente decidida. Dudo que cambie de opinión. Si de verdad lo dice en serio… ¿eso significa que se acabó entre ustedes dos?

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