Entrar Via

El Despertar Inesperado del Amor La Elección de Elowen romance Capítulo 9

A Sylvia le palpitaba la mano, le ardía la mejilla y las lágrimas le corrían por el rostro. La embargaba el resentimiento. Sin decir una palabra más, tomó de la mesa el bordado a medio terminar y salió corriendo.

—¿Sylvia?

En el umbral, estuvo a punto de chocar de frente con Lucien.

—Sin ningún talento y encima con el descaro de llorar. ¿Cómo acabé criando a semejante boba? —gritó Marwen a sus espaldas, con la voz chillona de pura rabia.

Sylvia no soportó oír una palabra más. Ni siquiera se detuvo a pronunciar el nombre de Lucien. Con los ojos anegados en lágrimas, se alejó a toda prisa.

Lucien la siguió con la mirada y luego entró en la habitación. Preguntó con calma:

—¿Discutiendo otra vez?

Marwen ya echaba humo. Al oír su voz, estalló.

—¿Quién más, si no esa inútil de tu hermana? Me he matado trabajando para planear su futuro. ¿Y qué hace ella? Nos da la espalda y se echa en brazos de otra familia. Ya llama prima política a esa mujer. ¡A este paso, en unos días estará suplicando lavarles los pies!

Ante la palabra «prima política», Lucien enarcó una ceja. Se sentó junto a Marwen y le tomó la mano con suavidad.

—Todavía es joven, madre. No entiende cómo funcionan las cosas. No dejes que te amargue. En cuanto a nuestra nueva duquesa…

Hizo una pausa, y los labios se le curvaron en una sonrisa lenta.

—Iré a visitarla más tarde. Madre, dame la llave de la mansión.

Los guardias que vigilaban aquella ala eran demasiado estrictos. Sin la llave, Lucien no podía entrar. Y si intentaba colarse por la fuerza, aquellos guardias no dudarían en desenvainar la espada, incluso contra él.

Marwen frunció el ceño.

—¿Para qué vas a ir allá? De ninguna manera.

Pero, desde hacía horas, el rostro de Elowen y aquella esbelta cintura habían rondado los pensamientos de Lucien. Las imágenes lo habían carcomido, picándole de un modo que no podía pasar por alto. No había manera de que renunciara.

La engatusó con voz suave y melosa.

—Vienes diciendo que ella no ha ido a saludarte, ¿verdad? Tú llevas la casa, no se te puede pedir que andes detrás de ella. Es evidente que no le importan los sirvientes. Solo yo puedo hablar con ella. No te preocupes. Te lo prometo: para mañana, te saludará con la debida cortesía.

Elowen se soltó el cabello, se quitó los adornos y se acomodó para pasar la noche. Mira terminó de arreglar las mantas y salió. No había dado más que unos pasos cuando se le escapó un grito repentino.

Elowen avanzó dos pasos hacia la puerta, a punto de preguntar qué había ocurrido.

La voz de un hombre resonó desde afuera, serena y divertida.

—No hay por qué alarmarse, señorita. Soy Lucien Ashcroft, primo del duque. No vengo con malas intenciones. Tenga, esta es mi llave de acceso.

Elowen frunció el ceño. «¿Por qué vendría a semejante hora?»

Afuera, la voz de Mira adoptó un tono más frío.

—Es plena madrugada, señor Lucien. ¿Puedo preguntar a qué se debe su visita?

Lucien respondió con tono afable.

—Hay un asunto urgente que debo tratar con Elowen.

Mira no vaciló.

—Su Excelencia ya se ha acostado. Señor Lucien, le ruego que vuelva por la mañana.

Lucien insistió.

—Es de veras urgente. Por favor, infórmele.

Mira se mantuvo firme.

—He servido a Su Excelencia desde niña. Una vez dormida, es muy difícil de despertar. Si el asunto es urgente, puede venir más temprano mañana.

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Despertar Inesperado del Amor La Elección de Elowen