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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 101

Al ver a la mujer llorando, el corazón de Héctor se estremeció.

Él había pensado que esa mujer solo había venido a causar problemas, y que no solo venía sola, sino que traía consigo a toda una familia de personas sin educación a hacerle la vida imposible. Si no hubiera sido porque, en ese momento, hizo ese tipo de cosas vergonzosas para atraer a Samuel y así salvar a su familia, los cuatro ya habrían sido echados de la fiesta de cumpleaños como si fueran perros.

Incluso, tal vez, jamás les habrían permitido volver a Solsepia.

Pero ahora, Héctor ya no pensaba así.

El cuaderno que tenía en las manos no mostraba un plano general, ni tampoco un plano de construcción.

Lo que sostenía era algo aún más importante: un plano de corte.

¿Y qué es un plano de corte?

Es tomar el edificio, partirlo por la mitad y desplegarlo, de manera que cualquier persona pueda ver de inmediato todas las estructuras internas y la conexión de cada espacio.

Eso es un plano de corte.

Si ese proyecto no fuera suyo, si no hubiera salido de su propia mano, Rocío jamás podría haber dibujado ese plano tan detallado.

—¿El proyecto residencial del Grupo Valdez… de verdad… señorita Amaya… es suyo? —dudó Héctor, con la incredulidad pintada en la voz, pero sin poder evitar creerlo.

No había mucho que cuestionar.

Rocío no podía ni hablar, ahogada en llanto.

Durante toda la fiesta, había aguantado giros y vueltas sin derramar ni una sola lágrima.

Pero ahora, las lágrimas no dejaban de correrle por las mejillas.

A un lado, Samuel también se había quedado mudo de la impresión.

Al principio, lo que le había llamado la atención era su atrevimiento, su descaro.

Pero después, cuando llegaron esos tres niños cargando con sus propios problemas, su interés hacia ella creció aún más, por la valentía de Rocío al enfrentar todo sola y haber salvado a esos tres pequeños en medio de la adversidad.

Cuando ella lo buscó, coqueteando y pidiéndole ayuda, Samuel sintió que su interés se volvía todavía más intenso, especialmente al saber que ella era la esposa de Lázaro.

Tan solo por el hecho de ser la esposa de Lázaro, ya había hecho que Samuel se quedara boquiabierto.

Pero en ese momento, al ver la expresión de Héctor después de revisar el plano de corte y escuchar su pregunta dirigida a Rocío, Samuel supo la verdad: en el proyecto que el Grupo Valdez estaba por desarrollar, la verdadera diseñadora era Rocío.

—Tú apenas… ¿terminaste la secundaria? —le soltó Héctor, sinceramente curioso.

¿Y todo ese talento se estaba desperdiciando solo porque no tenía un título?

Pero luego pensó que no tenía la confianza suficiente para preguntarle algo tan personal.

Así que lo único que mostraba su cara era el cambio de su actitud hacia Rocío: había pasado del desprecio y el desdén al respeto y la compasión, y todo eso se le notaba a simple vista.

Rocío negó con la cabeza.

—No importa por lo que haya pasado. Lo que importa es que usted reconoce que este proyecto es mío, ¿verdad?

—Por supuesto —afirmó Héctor, sin dudarlo.

—Entonces… ¿usted aceptaría invertir en mí? —preguntó Rocío, alzando la mirada.

Héctor guardó silencio.

Pasaron unos segundos en los que solo se escuchaba el murmullo lejano de la fiesta.

Al final, contestó con sinceridad:

—Aunque nadie te invierta, aunque tuvieras que quedarte donde estás, el Grupo Valdez jamás podría sacar adelante ese proyecto sin ti como jefa de obra. Mientras más tiempo pase, más grande será la pérdida para ellos. Ellos… ni siquiera se han dado cuenta de eso, ¿verdad?

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