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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 161

Cuando Rocío recibió la llamada de Claudio, estaba en el hospital, justo en el momento en que ayudaba a su abuela Paula a salir, lista para el alta.

El día en que no pudo comprar la ansiada escultura del ángel, esa herencia familiar tan valiosa para su abuela, Paula lloró como una niña. No quiso comer ni beber nada, por más que intentaron animarla. Ni siquiera cuando Rocío la amenazó —medio en broma, medio en serio— con mandarla al pueblo, logró conmoverla. Paula seguía sin probar bocado.

Y así, su salud se fue quebrando hasta que cayó enferma.

Rocío, sin otra opción, la llevó al hospital para que le pusieran suero y vitaminas. Elvia, siempre paciente y atenta, se quedó en el hospital cuidando a Paula.

Rocío, después de terminar su trabajo diario, pasaba a buscar a Sergio y juntos iban a visitar a la abuela. Paula, sin embargo, no levantaba cabeza. El ánimo se le había ido. La preocupación le pesaba a Rocío como una losa.

Pero, pese a todo, Rocío no dejaba de darle ánimos a su abuela.

—Abuela, la verdad es que mi vida se la debo a usted. Solo me ha pedido una cosa: recuperar la escultura del ángel de nuestro tatarabuelo. No lo logré. Si quiere castigarme, hágalo. Si decide que ya no soy su nieta, no la culpo. Tengo más de cien mil pesos en efectivo. Se los doy para que viva tranquila. Si ya no quiere verme, no me acerco más. Yo lo entiendo.

Elvia, al escuchar esto, se alteró.

—¡Abuela! ¡Paula! Si sigues ignorando a Roci, te lo juro que dejo de hablarte. Ya no seremos amigas, ni comadres, ni te regalo más labiales, ¿me oíste?

—Abuela, esto no fue culpa de Roci. ¡Fue la familia Zúñiga la que jugó sucio! Esa escultura del ángel no valía ni diez mil pesos, pero la familia Zúñiga la compró por dos millones. ¿De dónde iba a sacar Roci tanta plata? Si hay que culpar a alguien, culpe a esos desgraciados de los Zúñiga. Cuando Roci triunfe en su negocio y tengamos dinero, vamos a poder vengarnos como queramos, ¡se lo prometo!

—Abuela, si a usted le pasa algo, ¿qué va a hacer Roci?

—No es que usted esté enojada con los Zúñiga, abuela, ¡es que está destruyendo a Roci! ¿No ve que ella se sacrificó por los tres en el cumpleaños del señor Zúñiga y se entregó a Samuel? Abuela, ¿a poco no le da lástima Roci?

Entre sollozos, la abuela Paula abrazó a Rocío.

—Hace un par de días me llamó alguien diciendo que traía un paquete. Yo pensé que era un estafador, porque nunca pedí nada. Así que colgué. Yo sí les hago caso a ustedes, a los números desconocidos ni los pelo.

—¡Así se hace, abuela! —le gritó Elvia—. Para que ningún estafador quiera robarle el corazón ni el dinero, de ahora en adelante solo conteste las llamadas mías, de Roci o de Sergi, ¿me escuchó?

—¡Sí, señora! —contestó la abuela en voz alta.

La familia estaba feliz, sonrientes todos, listos para ir a celebrar la recuperación de Paula con una buena comida en algún restaurante bonito.

Pero justo cuando Rocío acomodaba a su abuela en el asiento trasero del carro, sonó su teléfono. Era Claudio.

Claudio, igual que Hernán, era uno de los mejores amigos de Lázaro. Sin embargo, a diferencia de Hernán, que no soportaba a Rocío y no perdía oportunidad para demostrarlo, Claudio optaba por callar. Nunca le dirigía malas palabras, pero tampoco era amable. Nunca le mostró una sonrisa.

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