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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 171

Rocío miró a Fabián, quien llevaba más de diez días sin aparecer en casa, y le preguntó con tono serio:

—¿Y tú a quién le creíste ese chisme?

—A Elvia —respondió Fabián. Había estado fuera por trabajo más de una semana y, apenas regresó, fue directo al estudio de diseño de Rocío.

En realidad, su plan era contarle que, durante su viaje, había conocido a varios inversionistas y había visto algunos terrenos con potencial. Sin embargo, al entrar al estudio, lo primero que escuchó fue la voz entusiasta de Elvia hablando por teléfono.

—¡Ja! Es que mi Roci es una campeona, ¿cómo no? Se va a casar con Samuel, ¿qué tal? ¿Sabes quién es Samuel? ¡El hombre más rico de Solsepia! Dentro de poco, mi Roci también va a ser la primera dama de Solsepia, ya verás.

No tenía idea de a quién se lo presumía Elvia, pero Fabián no pudo evitar que la preocupación se le colara en el pecho.

Con expresión seria, miró a Rocío.

—Roci, en todo el círculo de la alta sociedad de Solsepia se dice que Samuel es una persona peligrosa. Además, escuché que ya está comprometido con la señorita de la familia Valle de Valenciora. Esa familia Valle, la verdad, tiene una historia algo turbia… así que…

Fabián hizo una pausa antes de continuar, con un deje de angustia en la voz.

—Roci, hasta ahora no has logrado quitarte de encima a Lázaro, y su familia siempre te ha tratado como si fueras una empleada más, usándote sin descanso y sin darte ni el respeto ni el valor que mereces. No quiero verte salir del lobo para caer en las garras del tigre.

—Lo entiendo, Fabián —respondió Rocío, mirándolo con gratitud.

Le regaló una sonrisa llena de confianza.

—Ya escuché ese rumor sobre Samuel y la señorita Valle por Mireya. Yo misma le pregunté a Samuel y él me aseguró que no hay ningún compromiso con la familia Valle. Es solo un chisme más.

Hizo una pausa, dejando que sus palabras se asentaran antes de seguir.

—Pero aunque Samuel estuviera comprometido o no, yo no tengo intención de casarme con él. No quiero volver a casarme nunca. Solo quiero cuidar a mi abuela y a mi hijo, vivir tranquila y en paz.

—Lo que tengo con Samuel ahora mismo es solo un trato.

Al decir esto, la voz de Rocío se tornó amarga, pero también firme.

Incluso trabajó en funerarias, arreglando los cuerpos destrozados de los que nadie quería ver.

Atendió a ancianos solos, haciéndose cargo de limpiar y cuidar, a cambio de una paga jugosa.

Pero nunca pensó venderse.

Aunque solo terminó la mitad del bachillerato, su disciplina y constancia le permitieron completar por su cuenta todo el programa escolar. Si hubiera tenido la oportunidad, habría ingresado sin dificultad a la mejor escuela de arquitectura del país.

Que no haya ido a la universidad, no significa que no sepa nada.

Como oyente en clases, aprendió lo necesario y, gracias a su talento natural en la arquitectura, nunca dejó de estudiar ni de crecer, ni siquiera después de casarse. Por eso, sus proyectos ahora son tan sólidos.

Cada paso de Rocío estuvo marcado por el sacrificio.

Nunca le debió nada a Lázaro.

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