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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 263

Aunque estaba envuelta en la gabardina de Lázaro, Rocío escuchaba perfectamente las voces de los reporteros que los rodeaban.

Lo empujaba con todas sus fuerzas, gritando:

—¡Suéltame! ¡No necesito tu ayuda! ¡No me da miedo que me tiren huevos podridos! ¡Por favor, suéltame!

No quería su protección.

Ya no recordaba en qué momento había empezado a verlo como a un extraño. Hacía mucho que no se sentía cómoda con su cercanía, ni con sus abrazos.

Lo que antes anhelaba, ahora la asfixiaba.

El amor y el desamor eran dos mundos aparte.

Cuando lo amaba, ansiaba sus besos, sus abrazos, dormir a su lado. Deseaba acurrucarse en su pecho y ser su niña mimada.

Pero ahora ya no lo amaba.

El más mínimo roce de su mano le erizaba la piel y la hacía sentir incómoda.

Rocío usó toda su fuerza para alejarlo.

Lázaro sintió claramente su rechazo, su aversión, con una intensidad que lo quemaba.

Antes, cuando él la despreciaba y la ignoraba, nunca imaginó cómo se sentiría si ella le devolviera el mismo desdén.

Ahora lo sabía.

Era una mezcla de pánico y humillación.

Era un deseo posesivo que crecía cuanto más ella intentaba alejarlo.

De repente se dio cuenta de que se había permitido despreciarla e insultarla sin límites, pero no podía aceptar que ella lo ignorara y huyera de él.

Justo como en ese momento: por más que ella lo empujaba, él la abrazaba con más fuerza.

En términos de fuerza física, la diferencia entre hombres y mujeres es innegable.

Rocío no podía zafarse.

Los reporteros que los rodeaban no dejaban de lanzar preguntas a Lázaro.

—Señor Valdez, ¿está usted defendiendo públicamente a una amante?

Capítulo 263 1

Capítulo 263 2

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