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El Desquite de una Madre Luchona romance Capítulo 307

Rocío se dio cuenta de que los Zúñiga, para encontrarla, siempre usaban números desconocidos.

Y cada vez, la engañaban.

Al otro lado del teléfono, Ineta gritaba, desesperada:

—¡Te crie durante dieciséis años! ¡Te limpié y te di de comer! ¡Dicen que el cariño de quien te cría es más grande que el de quien te engendra! ¡La deuda que tienes conmigo no la pagarías ni en diez vidas, y tienes la desfachatez de pedirle a Mireya que te devuelva mil millones! ¿Por qué no te mueres? ¡Que te atropelle un carro al salir! ¡Que te violen en grupo! ¡Muérete ahora mismo!

Ineta maldecía hasta quedarse sin aliento.

Rocío, con un tono indiferente, preguntó:

—Ya terminaste de maldecir, ¿verdad? Pues aprovecho para informarles: que Mireya me devuelva los más de mil millones que me debe lo antes posible. Si no, irá a la cárcel. —Dicho esto, Rocío colgó directamente.

Apenas colgó, sonó el celular de Simón.

Simón sonrió con amargura.

No necesitaba mirar; seguro que era Ineta Zúñiga.

Miró a Rocío y preguntó:

—¿Me permites contestar la llamada de Ineta?

—Estás en tu derecho —dijo Rocío amablemente.

Simón entonces contestó:

—Señora Zúñiga, ¿en qué puedo ayudarla?

—Simón, te he visto crecer desde que eras un niño. Sabes lo mucho que se ha esforzado Mireya. En la preparatoria, se quedaba hasta tarde en la sala de estudio de la escuela para aprender más, y se le hinchaban los tobillos de frío. Una chica tan trabajadora que entró a la universidad, y aunque en la universidad su familia le daba mucho dinero, ella siempre trabajó para pagarse sus cosas. Cada semana llevaba comida de casa para sus compañeros de clase sin recursos.

Simón no pudo evitar soltar una risita.

—¿De qué te ríes? —preguntó Ineta.

Simón quería decir: «Ustedes son buenos con todo el mundo, menos con la niña que criaron durante dieciséis años. ¿No podían darle ni un poco de calor? ¿Tenían que arrancarle de la piel esos dieciséis años de crianza?».

Pero no dijo nada.

Al fin y al cabo, ahora Mireya estaba en desventaja.

Con una persona así, ¿qué más se podía hablar?

Sin embargo, la amistad entre la familia Zúñiga y la familia Paredes era profunda.

Y Simón se llevaba bien con el hermano de Mireya.

—Déjame pensarlo —dijo Simón, y colgó.

Luego, miró a Rocío.

—Roci, quiero pedirte tu opinión. Ahora que ya te has divorciado de Lázaro, si Mireya te devolviera los mil millones que te debe, ¿le permitirías casarse con él?

—Qué cosas preguntas, señor Paredes —Rocío se encogió de hombros y sonrió.

Luego, con una expresión indiferente, dijo:

—Si Lázaro hubiera firmado el divorcio hace tres meses, la primera vez que vio mi demanda, ahora llevaría tres meses casado con Mireya. Quizás hasta ya estarían esperando un hijo.

***

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