En cambio, Lázaro, Matías y los técnicos de la obra se quedaron mirando la espalda de Rocío con aire pensativo.
—Ahora que la veo, la señorita Amaya me da la impresión de que también es ingeniera. Si no fuera porque solo tiene la secundaria y fue ama de casa por seis años, de verdad que parecería una.
—¿No viste la transmisión de ayer o la repetición de hoy? Aunque solo estudió la secundaria, ¡es la diseñadora estrella de Espacios Renovados! ¡Es una eminencia!
El diseño de interiores, aunque no es lo mismo que la arquitectura, tiene ciertos puntos en común.
—Oigan, ¿y si el proyecto de la casa de retiro también lo diseñó la señorita Amaya y luego se lo robó la señorita Zúñiga? Si no, ¿por qué salen tantos detallitos mal? Ya saben, los pequeños errores se van acumulando hasta que se convierten en uno grande y todo se viene abajo. Ahí sí que estaríamos en problemas.
—¡No digas tonterías! ¿Cómo crees que algo tan importante podría pasar? La señorita Zúñiga es una arquitecta graduada con honores, hay certificados que lo prueban. Además, el diseño de interiores y la arquitectura son dos cosas muy distintas. Para decorar solo necesitas inspiración, talento y buen ojo, pero la arquitectura exige cálculos de precisión y conocimientos muy especializados. ¡Claro que no fue ella!
Lázaro y Matías, que escuchaban detrás, dudaron por un instante.
Matías había visto a Rocío examinar la tierra de una manera que no parecía un simple juego.
Y Lázaro recordó las dos o tres veces que Rocío le había preguntado por el proyecto, irrumpiendo en lugares públicos con una urgencia palpable.
La última vez había sido apenas antier, en el hotel donde se hospedaba ella. Le había preguntado con calma, pero él la había reprendido en el acto.
Era algo impensable para cualquiera.
Él sabía que Rocío no había terminado la preparatoria ni había ido a la universidad.
Por lo tanto, la idea de que el proyecto fuera un diseño de Rocío robado por Mireya era un disparate, una suposición sin fundamento.
Aunque quizás tuviera algo de verdad.
Aun así, el hecho de que Rocío, con solo su educación secundaria, pudiera ser diseñadora en Espacios Renovados era suficiente para que Lázaro la mirara con otros ojos.
Mientras la veía alejarse, sintió una mezcla de emociones indescriptibles.
Estaba furioso por sus engaños y su crueldad.
Pero, al mismo tiempo, no podía evitar admirar esa misma capacidad para ocultar las cosas, esa independencia y esa fortaleza inquebrantable.
Era una sensación muy compleja.
Y también había un dejo de arrepentimiento difícil de explicar.



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