El grito de Mireya alertó a todos los invitados, que se giraron para mirar.
Mireya, con su vestido de novia informal, miraba con una mezcla de horror y confusión a Carolina, que estaba a sus pies, mirándola hacia arriba con una sonrisa inocente.
En la mano de Carolina había un perfilador de cejas.
Y el bajo del vestido de Mireya estaba rasgado en varios sitios.
—¡Dios mío, qué niña tan malvada!
—¡Su padre le trae una madrastra y ella no la quiere en casa!
—¡Pero si dicen que la madrastra la adora como si fuera su propia hija! ¡Que siempre la lleva de paseo, que le enseña a escalar! ¡Que es buenísima con ella!
—¡Mocosa malagradecida!
—¡Menos mal que solo le rasgó el vestido! ¡Imagínate si le hubiera rasgado el vientre!
—¡Seguro que tiene miedo de perder el cariño de su padre, por eso es tan mala! ¡Un día de estos le va a rasgar el vientre a su madrastra!
—¡Qué miedo!
—Algunos niños nacen siendo demonios.
Todos los invitados lanzaban comentarios crueles contra la niña de cinco años.
La pequeña los miraba a todos, confundida. La sonrisa que tenía en el rostro se fue desvaneciendo a medida que escuchaba los murmullos.
—No es cierto, yo quiero mucho a mi nueva mamá, somos las mejores amigas. Y también quiero mucho a mis abuelos y a mi tío, los quiero mucho a todos. Yo siempre le hago caso a mi abuela…
—¡Carolina! ¡¿De dónde sacaste ese perfilador?! ¡¿Cómo pudiste romperle el vestido a tu mamá?! ¡¿A que querías apuñalar a los bebés que lleva en el vientre y como no alcanzaste, le rompiste el vestido, verdad?!
Fernanda, que estaba charlando con unas amigas, oyó el alboroto y corrió hacia allí.
Al ver la expresión de asombro de Mireya y el perfilador en la mano de Carolina, lo entendió todo al instante.
¡Esta niña!
¡Quién iba a decir que tenía tan malas intenciones!
En ese mismo momento, Lázaro, que estaba en el camerino retocándose, también se acercó al oír el ruido.
Con el ceño fruncido y una expresión gélida, miró a Carolina.
—Carolina, ¡qué estás haciendo!


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Desquite de una Madre Luchona