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El Día que lo Dejé, Firmé con su Mayor Rival romance Capítulo 562

—Estoy bien —dijo Bianca jadeando, dándose unas palmaditas en el pecho—. Quizás se me bajó la presión por levantarme tan temprano.

Jaime sintió remordimiento; había sido egoísta al pensar solo en sí mismo sin considerar cómo se sentía ella.

La llevó a tomar un café con leche y algo dulce; el mareo desapareció de inmediato.

Bianca, sorprendida y a la vez reprochándole, comentó:

—¿Por qué no me dijiste antes que existía algo tan rico?

Jaime negó con una sonrisa:

—Tiene mucha azúcar, no es bueno tomarlo seguido.

Era la primera vez que Bianca visitaba la Avenida Libertad. Aunque muchas tiendas eran nuevas para ella, sentía una extraña familiaridad, como si estuviera en casa.

Qué raro.

Quizás antes de perder la memoria venía seguido con Jaime.

La oferta gastronómica en la Avenida Libertad era muy variada. Bianca se llenó probando botanas aquí y allá, al punto de perder el apetito para la comida formal. Mientras pensaba a dónde ir para bajar la comida, vio que Jaime estaba revisando su celular.

Ese hombre... estaba en una cita con ella y no dejaba de trabajar. Un adicto al trabajo de manual.

Hablando de trabajo, Bianca sintió una punzada de preocupación. Se rascó la cabeza y le preguntó:

—¿Se pueden reponer mis documentos? Si los recupero, podré salir a buscar trabajo.

Jaime sonrió sin responder, mirándola fijamente:

—Vamos, acompáñame a comer algo.

Bianca se tocó el estómago, que ya estaba lleno de café y antojos, pero al recordar que Jaime había pasado toda la mañana caminando con ella sin probar bocado, asintió sin dudar:

—Está bien.

En un restaurante muy concurrido, Bianca y Jaime se sentaron frente a frente. Ella apoyó la barbilla en la mano y lo observó comer en silencio.

El hombre comía con una elegancia natural. Bianca pensó para sus adentros que no solo era guapo, sino que verlo comer era un deleite visual.

Con razón la nieta de la casera siempre le echaba el ojo.

Jaime levantó la vista y sus miradas chocaron.

Atrapada en el acto, Bianca sintió que la cara le ardía de vergüenza.

—Este... bueno —cambió de tema rápidamente—, cuéntame sobre nuestro pasado. Quiero saber qué tipo de persona soy.

Jaime tomó una servilleta, se limpió la boca y tardó un momento antes de responder:

—Te contaré una historia.

¿Una historia?

Eso le gustaba a Bianca.

—¿Qué historia?

Jaime pensó un poco y dijo:

—La historia de un chico pobre que, para vengar a su primer amor, fue capaz de infiltrarse y esperar ocho años al lado de una niña rica.

Los ojos de Bianca se iluminaron:

—¡Ya sé, ya sé! ¡Y al final el chico pobre se enamora de la niña rica!

Jaime sonrió con amargura:

—No. El chico pobre se enamoró de otra mujer.

Bianca parpadeó. Eso no se parecía a las telenovelas que veía.

Se enderezó en la silla y lo apresuró:

—Empieza desde el principio.

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