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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 974

Valerio miraba a Marisa con cierta timidez; su aspecto desaliñado contrastaba brutalmente con la pulcritud y elegancia del lugar.

—Señorita Páez... ¿De verdad no le molesta que me quede en su casa?

Marisa le sonrió con suavidad.

—¿Por qué me molestaría? Ni que fueras a vaciarme el lugar. Además, cuando estemos solos no tienes que llamarme así. Puedes decirme Marisa, o tratarme como a una hermana mayor si te hace sentir más cómodo. No te sientas comprometido por esto; solo estamos ayudándote porque está en nuestras manos. El día de mañana, cuando tengas éxito, si quieres, podrás ayudar a otras personas. Así que relájate y no pienses demasiado.

Por un momento, Valerio sintió que su llegada a Clarosol lo había llevado a encontrarse con un ángel.

Marisa salió de su casa y en unos veinte minutos llegó a la ubicación que Sabrina le había mandado.

El mesero la guio hasta un salón privado VIP.

Nada más entrar, se topó con un rostro oscuro e inescrutable.

Cuando Rubén estaba serio, irradiaba una autoridad intimidante sin necesidad de levantar la voz.

Parecía un glaciar milenario, imposible de derretir por nadie.

Ella se sorprendió un poco y su mirada se detuvo en él por un par de segundos.

Rubén parecía estar sosteniéndole la mirada.

No estaba del todo segura.

Marisa sintió que había algo en la forma en que la miraba... ¿feroz, tal vez?

No sabía si esa era la palabra exacta para describirlo.

Desvió la vista y miró a Sabrina, que agitaba la mano para llamarla.

Sabrina le sonrió de manera sugestiva, achinando los ojos.

—¿Ya instalaste a tu galán en casa? Ven, siéntate. Ya ordenamos algo, revisa el menú por si quieres pedir algo más.

Marisa no solía ser quisquillosa con la comida y sabía que el menú de fusión del lugar era excelente. Agitó la mano suavemente.

—No hace falta, con lo que pidieron está perfecto.

Mientras hablaba, Marisa sentía una mirada pesada clavada en ella, pero cada vez que levantaba la vista, nadie la estaba observando.

Rubén, por su parte, entrecerraba los ojos para observarla disimuladamente mientras ella conversaba con Sabrina.

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