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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 996

Claudine, la dueña del hotel, una mujer mayor de cabello completamente blanco, sostenía su taza de leche tibia, señaló hacia el patio y dijo en francés: “Voy a regar el olivo”.

Marisa le dio un sorbo a su leche, sonrió, señaló el teléfono y respondió: “Voy a contestar una llamada”.

Claudine no hablaba español, y Marisa tampoco dominaba el francés, así que la mayoría del tiempo se comunicaban mediante gestos, aunque lograban entenderse a la perfección.

Una mujer esperando a su bebé sola en un país extranjero, y una anciana solitaria que vivía por su cuenta.

Resultaba ser una combinación fascinante.

Durante esos días, Marisa había comenzado a estudiar francés poco a poco, y gracias a sus esfuerzos intensivos, el idioma ya no le sonaba como si estuvieran hablando en clave.

El embarazo le había otorgado mucha más paciencia que antes, y también le permitía tolerar con gracia la torpeza inevitable que surge al aprender un idioma nuevo.

La llamada era de Sabrina Castillo, y desde el otro lado de la línea, su voz delataba un tono de reproche y disgusto.

—Te fuiste de viaje de negocios, ya llevas más de un mes fuera, ¿y aún no piensas regresar? ¿Piensas volver hasta Fin de Año?

En realidad, ni siquiera planeaba regresar para las fiestas.

Pero Marisa no se lo dijo directamente. Conocía el carácter fuerte de su amiga; si le decía la verdad, Sabrina empezaría a interrogarla sin descanso y ella no sabría qué contestar.

—El aire aquí es maravilloso, de todos modos no tengo grandes asuntos pendientes en casa, ¿no puedo quedarme a pasear un rato?

Sabrina gruñó al otro lado.

—Te extraño.

Una sonrisa se dibujó en los labios de Marisa.

—Si me extrañas, ¿por qué me hablas en ese tono tan regañón?

—¡Porque estoy enojada! Falta poco para mi cumpleaños y no vas a estar. ¿Qué clase de amiga hace eso?

Marisa le respondió en tono de broma, mientras seguía bebiendo su leche.

—Bueno, es porque sé que tienes a Claudio Cano a tu lado, así que no hay necesidad de que yo regrese para cuidarte.

Sabrina, impulsiva como siempre, soltó lo primero que se le ocurrió.

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