En el hospital.
El sol brillaba radiante aquella mañana y Gabriela, la madre de Verónica, despertó sintiéndose mucho mejor que en días anteriores.
Tras la revisión de rutina y el desayuno acompañado de su medicación, la cuidadora se le acercó con una sonrisa, "Gabriela, ¿te gustaría salir a tomar un poco de aire fresco?"
"Sí, claro." Gabriela no tenía razones para rechazar la invitación.
Juntas bajaron al jardín del hospital y caminaron por un sendero tranquilo. Sin embargo, el celular de la cuidadora comenzó a sonar de repente. Al revisar el mensaje que le llegó, su expresión se tornó incómoda, "Gabriela, mi hija vino a visitarme. Llegó antes de lo esperado y ahora mismo está en la entrada del hospital…"
"No te preocupes, ve a recibirla. No la hagas esperar."
Gabriela asintió con comprensión. Después de todo, ella también era madre y entendía la emoción de ver a un hijo tras mucho tiempo.
"Gracias, Gabriela. No tardaré."
La cuidadora le dedicó una mirada agradecida antes de salir apresurada hacia la puerta del hospital.
Gabriela, por su parte, se dirigió a una banca cercana y tomó asiento, dándole la espalda al sol. Con calma, sacó el libro que había traído consigo y lo abrió. El lugar estaba en total tranquilidad, ideal para leer y aprovechar la calidez del sol mientras esperaba el regreso de la cuidadora.
Apenas había leído unas líneas cuando escuchó voces a sus espaldas. Un grupo de mujeres conversaban con entusiasmo, compartiendo chismes. Al principio, Gabriela no les prestó atención, hasta que oyó decir: "¿Saben qué? La hija de Gabriela, la del cuarto VIP en el octavo piso, es la amante de alguien."
La expresión de Gabriela cambió de inmediato. Su rostro se endureció, y la ira la invadió en cuestión de segundos.
Se puso de pie de golpe y avanzó con pasos firmes hacia las mujeres.
La que hablaba continuaba con su discurso venenoso, sin notar la presencia de Gabriela.

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