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El Día que Se Rompió la Promesa romance Capítulo 398

Esa noche tampoco había sido algo que Vero quisiera.

Vero nunca había pensado en destruir la relación entre Adolfo y Zulma, y, sin embargo, por culpa de aquella noche, había sufrido un tormento interminable. Ella también era una víctima. No iba a permitir que nadie difamara o insultara a su hija.

"Mi hija fue engañada, ¡ella no lo quiso así! Nunca tuvo la intención de meterse en la relación de nadie."

"¡Ay, por favor! Tu hija vio dinero y se le hizo agua la boca. Planeó todo, le puso algo en la bebida a Adolfo y se metió en su cama. Quería embarazarse para asegurarse un futuro. ¡Tu hija es una cualquiera! Si tu hija es la amante, lo mínimo que debería hacer es agachar la cabeza y esconderse. ¡Pero encima viene aquí con esa actitud desafiante!"

Aquella mujer no paraba de atacar, insistiendo en que Verónica era una entrometida. Gabriela, furiosa, perdió la razón.

"¡Te digo que mi hija no es lo que dices!"

Gabriela se lanzó contra la mujer, pero físicamente no estaba en condiciones de enfrentarse a ella. Además, otras tres personas se sumaron al ataque.

Pronto, Gabriela quedó en desventaja y fue empujada con violencia al suelo. Sintió un dolor agudo en el pecho. Su rostro palideció y el sudor frío empapó su cabello y su ropa en cuestión de segundos. Su estado era crítico.

Las mujeres se miraron entre sí, dándose cuenta de que Gabriela estaba realmente mal. Por miedo a que la situación se les saliera de control, decidieron irse de inmediato.

No muy lejos, Zulma observaba la escena desde su silla de ruedas, con gafas oscuras y un sombrero que cubrían parte de su rostro. Fría y sin expresión, contempló a Gabriela retorciéndose de dolor en el suelo.

Había elegido esa zona porque era una parte tranquila del hospital, un sitio donde rara vez pasaba alguien a esa hora.

Había investigado que la salud de Gabriela era frágil y no soportaba el estrés.

Y en aquel momento, viéndola así, era posible que simplemente muriera del coraje. Morir de un ataque de ira sería lo ideal.

Zulma continuó observando sin moverse hasta que notó que Gabriela dejó de respirar y quedó completamente inmóvil.

Justo en ese momento, alguien se acercó al área.

Para evitar ser vista, Zulma giró rápidamente su silla de ruedas y, esquivando las cámaras de seguridad, salió discretamente del hospital.

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