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El Día que Se Rompió la Promesa romance Capítulo 527

Zulma miró a Yesenia con una expresión tan distante que el aire en la habitación se volvió pesado.

—¿Quieres?

Yesenia asintió con fuerza, sin dudarlo.

No soportaba seguir viviendo en ese cuartucho de renta, y menos aún podía imaginarse cómo sería su vida si su mamá, sin su papá cerca, ni siquiera le volvía a sonreír.

—Mamá, enséñame… Enséñame qué tengo que hacer para que papá nos perdone —suplicó Yesenia, arrodillándose a los pies de Zulma y levantando la cara para mirarla.

—¿Tú qué crees? —le devolvió Zulma, la voz dura como piedra.

Yesenia lo entendió de inmediato. Pero…

—Mamá, el doctor dijo que no puedo enfermarme —susurró bajito, temblando.

Recordaba perfectamente lo que el médico había advertido a sus papás: no podía enfermarse, porque cualquier infección en ese momento podría matarla. Ni los santos podrían salvarla.

Ella no quería morir.

—¡Paf!—

Zulma levantó la mano y le dio una bofetada tan fuerte que le dejó la cara ardiendo.

—¿Tan fácil crees que es morirse? Si de veras fuera así, ¿cómo sigues viva? —le soltó, cruel.

—Yesenia, entiéndelo de una vez: sin Adolfo, tú no eres nadie.

—Ya te corrieron de la escuela de ricos, y de aquí en adelante vas a vivir en esta pocilga, aceptando a Javier, ese inútil, como tu papá.

—Todo lo que antes tenías ya lo perdiste.

Yesenia movió la cabeza desesperada.

Eso no era lo que quería. No iba a aceptar que la expulsaran de la escuela de élite. Ni de chiste reconocería a Javier, ese tipo pobre y sin futuro, como su papá. Solo Adolfo podía serlo.

—Mamá, sí, lo haré. Lo que sea con tal de que papá regrese. No me importa qué tenga que hacer —dijo Yesenia, dejando de lado cualquier miedo al recordar lo bien que vivía antes.

Estaba acostumbrada a que todos la admiraran, a que la trataran como una princesa. No podía soportar ni un día más de esa vida sin lujos. ¿Y el miedo? No tenía sentido. Su mamá tenía razón: si fuera tan fácil morir, ya no estaría aquí.

Había sobrevivido a dos veces el fallo renal. Incluso cuando tenía cinco años, su mamá la había hecho meterse en agua helada. Terminó en el hospital, sí, pero al final no le pasó nada grave.

Recordaba bien esa vez: recién operada, su mamá la enfermó adrede. Cuando abrió los ojos y vio a su papá tan preocupado, esa imagen se quedó tatuada en su memoria.

Sabía que su papá la quería. Si volvía a enfermarse, si de verdad se ponía tan mal, Adolfo seguro la iba a cuidar y a perdonar. Así, todo volvería a ser como antes.

Yesenia se perdió en sus recuerdos felices, aferrándose a cada momento en que Adolfo la había tratado con cariño. Cuanto más pensaba en eso, más convencida estaba de hacer lo que fuera para recuperarlo.

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