—¡Cuñada! Esta noche organicé una reunión de amigos, ¿me das permiso de robarme a Ireneo un par de horas más?
—¿Aún tienes ánimos para fiestas? Me sorprende que estés tan relajado —dijo Sabrina, fingiendo sorpresa y luego preocupación.
—Me contaron que el hijo ilegítimo de tu familia acaba de cerrar un contrato millonario. Últimamente, mucha gente los compara a los dos y dicen cosas horribles. ¿Quieres que te cuente lo que andan diciendo?
Sabrina no le dio tiempo a Julián de negarse. Aclaró su garganta, endureció el rostro y, con un tono lleno de desprecio, imitó:
—«Julián no es más que un bueno para nada que solo sabe despilfarrar. Un inútil sin futuro».
—«Si lo pones junto a su medio hermano, la diferencia es abismal. Quien no los conozca pensaría que el hijo ilegítimo es él».
—Oye, oye, no pongas esa cara ni te enojes conmigo —cambió rápidamente de expresión, mirándolo con ojos grandes e inocentes, llenos de angustia—. Todo eso lo escuché por ahí, solo te repito las palabras textuales para que estés prevenido. No te enojes con tu cuñada, lo hago por tu bien.
Todo el mundo sabía que el hijo ilegítimo era el punto débil de Julián; mencionarlo era tabú.
El que se atreviera, terminaba peleado con él.
Julián sintió que le hervía la sangre. Su rostro se descompuso como si hubiera tragado una mosca, pero por respeto a Ireneo, intentó mantener la compostura.
Forzó una sonrisa.
—Cuñada, precisamente por eso convoqué a mis amigos, para que me ayuden a pensar en una solución.
—¿Y de qué te sirve que ellos piensen por ti? Tienes que esforzarte tú mismo —le aconsejó Sabrina, usando un tono maternal, como si lamentara su falta de madurez.
—Si no, tarde o temprano, ese hijo ilegítimo te pasará por encima, se quedará con tu herencia y te dejará en la calle pidiendo limosna.
Las palabras de Sabrina eran letales.
El rostro de Julián palideció aún más y apretó la mandíbula hasta que rechinaron sus dientes. Sabrina estaba segura de que, en ese momento, él deseaba estrangularla.
Ella rio para sus adentros. «Pedazo de inútil». Solo le estaba diciendo sus verdades a la cara.
Al ver que su amigo estaba a punto de estallar, Ireneo intervino con voz severa:


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