Mientras maldecía a Ireneo con todas sus fuerzas, Cesáreo intentaba consolar a Sabrina, sudando frío por los nervios.
—Ya, ya, no llores más. Yo te doy trabajo en mi empresa. Te invito a la cena más cara de la ciudad. Te compraré todo lo que quieras.
Tras lograr tranquilizarla a duras penas, Cesáreo recordó algo y le preguntó:
—¿Y por qué no vas a buscar al maestro? Él siempre te admiró mucho, fuiste su mayor orgullo. Si lo buscas, se pondrá contentísimo.
Sabrina bajó la mirada, muerta de vergüenza.
—¿Con qué cara me presento ante él? Fui una tonta y lo enfermé de un coraje por mis malas decisiones. Todos los regalos que le envié estos años me los devolvió sin abrir. Además, me enteré de que el año pasado aceptó a un nuevo estudiante de veinte años. Un prodigio. ¿Lo conoces?
Por supuesto que Cesáreo lo conocía, pero al ver el rostro desanimado de Sabrina, restó importancia al asunto.
—Bah, sí. Es un mocoso astuto, pero jamás estará a tu nivel.
Sabrina sabía que su amigo solo intentaba animarla, pero su ánimo seguía por los suelos.
—Si ya tiene un nuevo alumno prodigio, seguramente ya ni me considera su discípula.
—Deja de pensar tonterías y gastar neuronas —Cesáreo le dio una palmada en el hombro, hablando con pasión—. A partir de hoy, bajo mi mando, tu única preocupación será triunfar. Te lucirás, harás maravillas y, cuando tengas éxito, te acompañaré a pedirle perdón al maestro. Él es rudo por fuera, pero tiene buen corazón. Te va a perdonar. Pero primero tienes que demostrarle lo que vales, ¿entendido?
Dicho y hecho, Cesáreo la llevó al centro comercial más exclusivo. Sabrina desató una ola de compras compulsivas para calmar su sed de venganza... pero pagó todo con la tarjeta de Ireneo.
Le devolvió su tarjeta a Cesáreo y sonrió.
—Mientras estemos casados, hay que exprimirle la billetera a esa escoria. Vamos, te compraré tu regalo de cumpleaños.
—...Mi cumpleaños ya pasó —murmuró Cesáreo.
—Pues será el del próximo año, el del siguiente, y el de las próximas décadas. Ya no tendrás que celebrar.
Mientras tanto, Ireneo estaba en un exclusivo club nocturno, en la reunión organizada por Julián.
Su teléfono no dejaba de vibrar con notificaciones.

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