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El Heredero Me Mintió Durante Tres Años romance Capítulo 4

—Si necesitas algo, puedes escribirle directo. Se llama Dina.

—Gracias.-

Por algún motivo, él terminó guardando el número en su WhatsApp.

Al hacerlo, se arrepintió un poco, pensando que no tenía ninguna excusa para hablarle, e iba a borrarlo.

Pero sorpresivamente, Dina le escribió primero.

[¡Hola, compañero! Hago mandados, asisto a clases de tronco común por ti, escucho conferencias y ayudo con ensayos y tareas. ¡Precios accesibles! Si necesitas algo, déjame un mensaje y te respondo en cuanto lo vea.]

El hombre frunció el ceño ligeramente y luego soltó una carcajada.

[¿Con tantos servicios aún te queda tiempo para trabajar en el bar?]

Una vez más, sintió el impulso de contestarle.

Dina: [¿Quién eres?]

Él se lo pensó un momento antes de responder: [Soy Mateo, el cliente del bar de la otra noche.]

Dina: [¡Ah, ya entiendo! Hola, señor Mateo. ¿Se le ofrece algo?]

[Nada.]

Era increíble pensar que una conversación tan aburrida terminara convirtiéndose en noches de pasión y locura total durante el verano.

A él lo habían educado para ser un hombre de hierro. Su familia moldeó su carácter para ser inquebrantable, maduro, calculador, frío y realista.

Pero aquella noche de verano, todas esas máscaras se cayeron.

No hubo ni una pizca de racionalidad o calma.

Dina también tenía su contraste. La chica dulce y tranquila del día a día, en la intimidad estaba dispuesta a explorar de todo.

Al principio fueron bastante convencionales.

Pero después, descubrieron una química tan brutal y adictiva que simplemente no podían parar.

Él tenía que admitirlo: sus días con Dina habían sido la etapa más loca, emocionante y viva de sus veintiséis años.

Le gustaba Dina.

No podía negarlo.

Pero hace tres años tenía veintitrés, y ahora tenía veintiséis. Estaba a punto de asumir el control total de la empresa y, por supuesto, debía empezar a buscar esposa.

Dina frunció el ceño. —No la necesito. Aún tengo lo que me has estado depositando cada mes, no me lo he gastado.

—Pagué la renta por adelantado para los próximos dos años. Si decides quedarte en ciudad Maxurin después de graduarte, este departamento te servirá para estabilizarte.

Dina empezó a sentir que algo andaba muy mal. Un nudo de angustia se formó en su pecho.

El hombre continuó: —No creo en las relaciones a distancia, así que...

—Espera un momento.

Dina no esperaba que la conversación diera ese giro de forma tan drástica. Lo interrumpió, aterrada de escuchar lo que seguía.

Ella se quedó mirándolo.

De pronto, notó lo gélida que era su expresión.

Abrió la boca para hablar, pero el aire en la habitación parecía haberse vuelto denso, helado. Intentó articular palabra, pero no sabía qué decir. Solo el miedo y la ansiedad le estrujaban el corazón.

El silencio se prolongó por varios segundos.

El hombre, sin paciencia para esperar a que ella reaccionara, lo soltó de tajo: —Terminemos.

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