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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 133

Fabio no se apresuró a responder, posó su gran mano sobre la mejilla de Vanesa.

Por un instante, Vanesa sintió que él sentía lástima por ella.

Pero cuando las crueles imágenes del pasado pasaron frente a sus ojos, se recordó a sí misma una y otra vez que no debía dejarse engañar por los falsos sentimientos de Fabio.

Cuando Fabio le sostuvo el rostro, acariciando suavemente su herida con las yemas de sus dedos ligeramente ásperas.

Los profundos ojos del hombre se posaron en ella.

Ella todavía se sentía angustiada, pero lo miró fingiendo estar calmada, sin decir ni una palabra.

—Vanesa, demos un paso atrás los dos —dijo Fabio después de un largo rato, articulando cada palabra—. Pon tus condiciones. Antes de que este niño nazca a salvo, ¿qué necesitas que haga para que te quedes tranquila a mi lado? Mantengamos el equilibrio entre nosotros.

Fabio puso la iniciativa en las manos de Vanesa, e incluso su actitud parecía sincera.

Pero esas palabras no hicieron que Vanesa se relajara, más bien la llenaron de pavor.

Supongo que el que se quema con leche, hasta al jocoque le sopla.

Incluso en los ojos de Fabio, Vanesa no podía leer las verdaderas emociones del hombre.

Se tranquilizó un poco y apartó la mano de Fabio de su mejilla.

El ligero ardor le recordaba a Vanesa que no debía caer en su trampa.

Respiró profundo y dijo con calma:

—Solo quiero el divorcio.

—El divorcio está bien. Cuando des a luz a este hijo, te dejaré en libertad —esta vez, Fabio aceptó con sorprendente rapidez.

Hizo una pausa y enseguida continuó:

—Pero, antes de eso, no quiero que causes más problemas.

Este Fabio parecía sincero; Vanesa no pudo ver ni rastro de mentira en sus ojos.

Ella le creyó.

Porque Vanesa sabía que, aunque no le creyera, ya no tenía salida.

Fabio, por su parte, no dijo nada; metió una mano en el bolsillo y esperó en silencio a que Vanesa terminara de hablar.

—Fabio, si quieres que dé a luz a este bebé sana y salva, entonces no puedes ir a buscar a Giselle, y yo debo poder localizarte en cualquier momento. No me agrada Giselle, y no quiero volver a ser provocada —Vanesa dejó sus demandas muy claras.

—...

—Por supuesto, después del divorcio, no me entrometeré en lo que hagas.

—...

—Además, nuestro matrimonio debe hacerse público. No quiero que la gente ande cotilleando a mis espaldas. A fin de cuentas, tenemos que vivir juntos por casi medio año más. Salir a la calle y que los paparazzi me señalen... me temo que no podré soportarlo.

Vanesa no retrocedió hasta que terminó de exponer sus puntos.

Esas condiciones eran difíciles; ella no creía que Fabio pudiera cumplirlas.

Pero para Vanesa, en los siete años que llevaban casados, era la primera vez que le hablaba a Fabio con tanta fuerza.

En este matrimonio roto y hecho pedazos, ella no quería ceder más.

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