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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 457

Al otro lado de la línea, hubo un silencio absoluto.

Un silencio tan prolongado que Carlos llegó a pensar que Vanesa se negaría.

Después de todo, sabía que no era un requisito indispensable que ella acudiera en persona.

Incluso Carlos no pudo evitar lanzar una mirada nerviosa hacia donde estaba Fabio.

Justo cuando la tensión se volvía insoportable para el asistente, la voz de Vanesa rompió el hielo.

—De acuerdo. Por favor, dígame la hora, Asistente Medina.

—Sería para hoy mismo... —Carlos sonó aún más incómodo.

Nuevamente, Vanesa guardó silencio.

Hasta a Carlos le parecía un capricho ridículo exigirle eso de un momento a otro.

Al segundo siguiente, Carlos vio a Fabio caminar decidido hacia él.

El magnate le arrebató el teléfono de las manos y desactivó el altavoz sin miramientos.

La voz profunda y amenazante de Fabio retumbó a través de la línea: —Vanesa, si quieres divorciarte, nos vemos ahora mismo en el Registro Civil. Mi paciencia y mi tiempo tienen un límite.

El tono de Fabio estaba impregnado de dominación.

No le dejaba margen de maniobra ni opción a elegir.

Al escuchar a su marido, Vanesa enmudeció por un breve instante.

Pero finalmente accedió: —Bien. ¿A qué hora?

—Paso por ti. No tengo tiempo para esperarte —fue la respuesta tajante de Fabio.

Y sin más, le cortó la llamada.

Carlos no perdió el tiempo y ordenó al chofer que se dirigiera a la dirección actual de Vanesa.

Fabio sabía perfectamente que ella no intentaría huir.

Al fin y al cabo, Vanesa era la más urgida por obtener esa acta de divorcio.

Pero la actitud tan distante de ella lo estaba consumiendo por dentro.

Vanesa lo repudiaba.

Hasta el punto de deshacerse de todo el patrimonio que él le había entregado.

¿Acaso creía que regalando todo podría borrar su pasado juntos?

El orgullo desmesurado de Fabio estaba herido.

Era algo que simplemente no podía tolerar.

Cuanto más fría se mostraba Vanesa, más se ensombrecía el humor de Fabio.

Con el rostro convertido en una tormenta, se subió al auto.

El vehículo se dirigió directamente al modesto departamento de ella.

Al llegar, Vanesa ya los esperaba en la acera.

—Vanesa, ¿así que donaste todas las casas y el dinero que te di? —lanzó la pregunta como un dardo.

—Entonces dime, ¿de qué vas a vivir ahora? —continuó, con el rostro gélido.

Vanesa no le contestó.

No tenía la menor intención de responder a las provocaciones de Fabio.

Ni siquiera valía la pena el esfuerzo.

Sus caminos estaban a punto de separarse para siempre; ya no le debía explicaciones.

Esa actitud tan impasible desquició a Fabio aún más.

Su semblante se oscureció de forma aterradora: —Te deshaces de todo lo que te di... ¿Acaso planeas ir a refugiarte en los brazos de Julián Jiménez?

Vanesa siguió ignorándolo.

Era como si, sin importar cuánto veneno escupiera Fabio, a ella le resbalara por completo.

El que terminó perdiendo los estribos fue él.

Cegado por la ira, la agarró del brazo y la jaló bruscamente hacia él.

Con solo ese contacto, Fabio sintió claramente que Vanesa estaba en los huesos.

Frunció el ceño, observándola de cerca.

A pesar del maltrato, ella lo miró sin alterar su expresión.

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