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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 479

El sonido brutal de los puñetazos resonaba en el pasillo, aterrorizando a todos los que seguían parados afuera del cordón de seguridad.

Nadie se atrevía a intervenir.

En medio del caos y los golpes, se escuchó un quejido agónico.

—Julián... me duele mucho...

Eran las últimas palabras que Vanesa pudo pronunciar antes de perder el conocimiento por completo.

Al escucharla, Julián soltó a Fabio y corrió hacia ella.

Vanesa estaba hecha un ovillo en el suelo, pálida y sin vida. Julián la levantó en brazos con desesperación.

Fabio se puso de pie lentamente, limpiándose la sangre del labio.

—Escúchame bien, Fabio —escupió Julián, sus ojos destilando un odio puro—. Si a Vanesa le pasa algo, te juro por mi vida que te voy a matar con mis propias manos.

Sin decir más, Julián se quitó el saco y envolvió el cuerpo maltratado de Vanesa para protegerla de las miradas morbosas.

Salió corriendo del baño como un bólido.

Todos los presentes se quedaron helados.

Fabio se acomodó la ropa en silencio y caminó hacia la salida con paso lento y amenazante.

Los paparazzi retrocedieron por instinto, ninguno se atrevió a levantar sus cámaras.

Giselle salió del baño de mujeres justo en ese momento.

Se acercó a Fabio, pero sin atreverse a tocarlo.

—Fabio... ¿qué pasó? —preguntó con falsa preocupación.

Él no le dirigió la palabra. Siguió caminando hacia la salida sin mirar atrás.

Giselle tuvo que trotar en sus tacones para alcanzarlo.

Dejando tras de sí un silencio sepulcral en el salón.

...

Julián llevó a Vanesa directamente a urgencias.

Estaba completamente desmayada al llegar, y solo el leve movimiento de su pecho le confirmaba a Julián que seguía viva.

Cuando el personal médico la vio, sus rostros se tensaron de inmediato.

Tenía los ojos inyectados en sangre, consumido por la culpa.

Se recriminaba a sí mismo. Si la hubiera acompañado al pasillo, nada de esto habría pasado.

Nunca soltó su mano.

Unas dos horas después, Vanesa finalmente abrió los ojos.

Lo primero que hizo al ver a Julián fue murmurar con voz rasposa:

—Perdón. Te he traído muchos problemas.

—Mi amor, eres una tonta. ¿Por qué me pides perdón? —respondió Julián con una mezcla de ternura y frustración.

Vanesa esbozó una sonrisa vacía que no llegó a sus ojos.

Sabía que por culpa suya Julián y Fabio se habían agarrado a golpes.

—No pienses en nada de eso, ¿de acuerdo? Y no te preocupes por la prensa, me encargaré de que no salga ni una sola foto en ningún lado —dijo él, leyendo sus miedos.

Vanesa no respondió.

—Llamaré al doctor para que te revise. Si no quieres quedarte, nos vamos al departamento ahora mismo —ofreció Julián con decisión.

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