Suspiró para sus adentros y, sin decir nada de inmediato, se apresuró a servir la cena en los platos.
—Prepara tú el aderezo, por favor. Me gustó mucho cómo te quedó la última vez, yo no logro darle el toque —pidió Vanesa con voz suave.
—De acuerdo —asintió Julián.
Dicho esto, se acercó a la barra de la cocina para preparar la salsa, mientras Vanesa llevaba los platos a la mesa.
Luego, ambos se sentaron a cenar. Julián estaba inusualmente callado, con un aire de tensión que Vanesa supo interpretar a la perfección.
—No te preocupes por mí. Estaré bien. Nada de lo que te imaginas va a suceder —intentó tranquilizarlo ella.
Julián, que comía con la mirada baja, levantó la vista hacia ella. —¿De verdad, Vane?
Lo preguntó en un tono muy suave, pero que dejaba entrever un ligero temor.
Vanesa asintió: —Él y yo somos imposibles. Sabes muy bien por qué decidí fundar IGM. Solo quiero hacer justicia por Vicente y por Paz. No voy a permitir que la culpable quede impune —dijo con mucha calma—. Después de todo lo que pasamos, él y yo tenemos cuentas pendientes, ¿no crees?
Ese era el verdadero objetivo de Vanesa, y Julián lo sabía. Si no lo supiera, jamás la habría apoyado en la creación de IGM. Lo que los demás ignoraban era que el mayor accionista de Producciones Yixing era el propio Julián.
El guion de Anhelo no estaba pensado para ganar premios, sino que era una trampa diseñada exclusivamente para Giselle Rivas. Aunque la película estaba ambientada en una época de conflictos familiares y nacionales del pasado, si Giselle prestaba atención a la trama, se daría cuenta de que la historia principal era un reflejo exacto de cómo ella había atentado contra Paz y Vicente en la vida real.
Vanesa quería que Giselle triunfara gracias a esa actuación, o que esa misma actuación fuera su ruina. Si al final Giselle descubría la verdad y se negaba a actuar, el objetivo también estaría cumplido: no podría pagar la exorbitante cláusula de rescisión. Y para ese entonces, el Grupo Serrano estaría tan sumido en sus propios problemas que no tendría forma de ayudarla.
Vanesa aún no tenía todas las pruebas de los crímenes de Giselle, por eso estaba esperando. Una espera paciente y sin desesperación. Tener ese plan en mente la mantenía serena.
De repente, la mirada de Julián se detuvo en ella.
—Ya eres una mujer adulta, ¿cómo es que todavía no sabes limpiarte bien la boca? —dijo él con un tono lleno de ternura.
Vanesa se quedó quieta. Vio cómo Julián se inclinaba, aparentemente para limpiarle la comisura de los labios, pero antes de que pudiera reaccionar, él la besó de forma repentina.
Eran esposos; besarse debería ser lo más normal del mundo. Pero Julián no solía actuar así. Sus besos normalmente eran breves y delicados, respetando el frágil estado emocional de Vanesa.
Esta vez fue diferente. Fue un beso profundo, desesperado, lleno del instinto de posesión de un hombre hacia una mujer. Ya no era un simple roce.
Vanesa sabía que la aparición de Fabio había hecho que Julián perdiera el control. Ante la situación, no dijo nada y simplemente se dejó besar.

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