En realidad, Julián y Vanesa nunca habían tenido la intención de esconderse de los paparazzi. Si no habían hecho pública su relación era porque, al principio, la salud de Vanesa era muy delicada. Además, a ella no le gustaba interactuar con personas que no tuvieran que ver con su vida.
Por eso, Julián había optado por mantener el perfil bajo. No quería alterar la tranquilidad de Vanesa. Sin embargo, cuando le preguntaban por su esposa, siempre respondía con naturalidad y jamás se quitaba la argolla de matrimonio. Esa actitud dejaba las cosas bastante claras.
Durante esos años, no es que no los hubieran fotografiado. Simplemente, al estar en Monterrey, cualquier noticia llegaba primero a manos de la familia Jiménez. Era Julián quien impedía que la información saliera a la luz. Su único objetivo era proteger a Vanesa.
Por eso, hasta el día de hoy, su relación parecía aún más misteriosa y enigmática para el público.
—Si son los paparazzi, no me importa que se enteren. No tienes que preocuparte tanto por mí —dijo Vanesa con total naturalidad.
—No son ellos —negó Julián.
Vanesa se sorprendió un poco, sin entender a qué se refería.
Antes de que pudiera reaccionar, Julián habló con calma: —Es Fabio Serrano. Probablemente nos vio juntos.
Esta vez, Vanesa se quedó en silencio.
La mirada de Julián se posó en ella, y ambos detuvieron el paso.
—Si nos vio, que nos vea. Somos marido y mujer, no tenemos nada de qué avergonzarnos —dijo Vanesa, recuperando rápidamente la compostura—. Además, mi pasado fue borrado por completo. No podrá averiguar nada. Y por si fuera poco, hace años él mismo confirmó con una prueba de ADN que yo estoy muerta —concluyó en tono sereno.
Parecía que la situación realmente no le quitaba el sueño. Ya se había encontrado con Fabio cara a cara; era cuestión de tiempo para que él descubriera su relación con Julián. Ocultarlo no tenía ningún sentido.


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