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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 603

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Vanesa dejó escapar un suspiro silencioso al escuchar las palabras de Julián.

Comprendía perfectamente el mensaje. Sin importar lo que pasara, él no pensaba soltarle la mano.

Al final, lo miró con una expresión cargada de impotencia.

—Julián, sabes que esto no es justo para ti.

—Me basta con saberlo yo —respondió él, cortante.

Vanesa se quedó sin argumentos.

Hubo un breve e incómodo silencio a través de la videollamada.

—Vanesa, cuando todo esto termine, empezaremos de cero —sentenció Julián, con una calma que no admitía réplicas.

Tras una larga pausa, ella asintió.

—De acuerdo.

No fue necesario añadir nada más, pero Julián tampoco hizo el amago de colgar.

Ella no lo apresuró. Eran familia. Compartían una complicidad forjada a lo largo de los años.

Aunque él sonara tan seguro y decidido, Vanesa sabía que en el fondo debía estar lidiando con sus propios demonios. Igual que ella.

Muchas cosas estaban planeadas, pero la realidad siempre superaba a la ficción. Cada paso que daba en Jalapa se volvía más peligroso y resbaladizo.

Respiró hondo y dejó el celular encendido, apoyado en la mesa.

Ambos continuaron trabajando en sus respectivos asuntos, acompañándose en silencio desde dos rincones opuestos del mundo, hasta que Julián volvió a mirar la cámara.

—Vete a descansar. Voy camino al hotel, te marco mañana.

—Está bien —aceptó ella.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

Julián cortó la comunicación. Vanesa se quedó mirando la pantalla oscura; el teléfono estaba ligeramente caliente por el uso prolongado.

Se quedó inmóvil en medio de la habitación.

Mucho después, se levantó y se dio una ducha rápida, pero el sueño seguía sin aparecer. Se obligó a no abrir ninguna app de noticias y simplemente cerró los ojos en la cama.

—Con varias, la verdad. Pero si las comparamos con el Grupo Serrano, son casi insignificantes —respondió Carlos.

En otras palabras, el pez gordo de IGM era el imperio de Fabio. Por eso era lógico que Vanesa hubiera cedido terreno durante las negociaciones. Cualquier empresa en su sano juicio buscaría una alianza estable y segura.

Bajo esa lógica, no había nada de qué sospechar.

—¿Hay algún problema, señor Serrano? —preguntó Carlos, notando la actitud de su jefe.

Fabio no respondió de inmediato, sino que le devolvió la pregunta con frialdad:

—¿Tú crees que hay algo raro con Vanesa Arias?

La pregunta dejó a Carlos descolocado por unos segundos. Cuando reaccionó, se apresuró a explicarse.

—Me pidió que investigara a la Directora Arias, y eso hice. Su historial, su carrera profesional, todo encaja a la perfección con lo que ha declarado. Incluso me comuniqué con las universidades donde estudió; los registros son legítimos y confirman su identidad —aseguró Carlos—. Desde mi punto de vista, todo está en regla.

Fabio guardó silencio.

Carlos carraspeó antes de añadir: —Señor, estoy seguro de que no es su exesposa. Es solo una coincidencia increíble. Todos sabemos cómo se maneja Julián Jiménez; tiene sentido que haya reclutado a alguien como la Directora Arias para su equipo.

Fabio tardó una eternidad en responder con un simple "ajá", recuperando su habitual máscara de indiferencia.

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