Tener a Fabio ahí hizo que Vanesa perdiera un poco la compostura.
Era una sensación difícil de describir, algo increíblemente incómodo y extraño.
Era como si una persona que jamás debería estar en ese lugar, de repente apareciera de la nada frente a ella.
"Fabio, este no es un lugar donde deberías estar. Por favor, vete," exigió Vanesa, recuperando su tono gélido.
Señaló hacia la puerta y fue directo al grano: "Además, Julián está por llegar, y no quiero que esto cause malentendidos ni problemas innecesarios."
Sorprendentemente, esas palabras le arrancaron una risa a Fabio.
Una risa suave, cargada de una burla sutil.
Una risa que le puso la piel de gallina a Vanesa.
Vanesa lo miró a la defensiva, con el ceño fruncido.
"¿De qué te ríes?" preguntó, incapaz de contenerse.
Fabio la miró fijamente: "¿Te das cuenta de cómo nos vemos en este momento?"
"¿Qué?" Vanesa tardó un segundo en procesar la pregunta.
"Como dos amantes que acaban de terminar su aventura y uno está desesperado por echar al otro antes de que los descubran," murmuró él, con esa calma exasperante.
Vanesa se sintió mortificada.
Pero la verdad es que la escena parecía exactamente eso.
Bajó la mirada hacia su celular para ver la hora.
Eran las 9:10 p.m.
A menos que ocurriera un imprevisto, Julián seguro estaría de vuelta antes de las 10.
No quería tener otra pelea con Julián por culpa de Fabio.
Pero el hombre actuaba como si fuera el dueño del lugar.
Plantado allí con una tranquilidad que la sacaba de sus casillas.
Al final, fue Vanesa quien perdió los nervios.
"¿Acaso me equivoco?" le preguntó él en voz baja.
Dio un paso al frente y se plantó muy cerca de ella.
Vanesa sintió la abrumadora presión de su presencia.
Por puro instinto, retrocedió.
Pero al enfrentarse a Fabio, no apartó la mirada.
"Estás imaginando cosas," replicó ella, con la voz seca.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ